Los ricos del planeta querían tener poder por
encima de los gobiernos del mundo que les ponían trabas con sus leyes
nacionales, a sus empresas multinacionales, y acordaron destruir a todos esos
gobiernos y crear el suyo propio. Ellos tenían el dinero, y el dinero les daba
el poder. Así que el 24 de enero de 1971 se reunieron en Davos, donde trazaron
su plan: había que crear una serie de problemas mundiales en los países
occidentales que destruyesen los gobiernos desde dentro. Había pasado en la
antigüedad, en la Revolución Francesa y en diferentes alzamientos nacionales.
Debían influir y corromper a los mandatarios de Europa y Estados Unidos para
que sus pueblos de alzasen en armas contra la tiranía y las normas injustas, y
les cortasen la cabeza. La idea de la mezcla de culturas diferentes –islámica y
católica–, buscando un enfrentamiento social a través de fomentar la
inmigración ilegal masiva engañando a los primeros prometiéndoles Jauja en
Europa para que estallase el conflicto social y la revuelta, no bastaba.
Quedaba la policía y el poder. Los gobiernos tenían un ejército que poder sacar
a las calles ante estallidos de revuelta social, por lo que el plan sería más
complejo: habría que enfrentar a toda la ciudadanía contra sus presidentes,
haciendo que estos obrasen de forma tiránica para que las masas se sublevasen y
arrasasen con el poder. Y en Davos trazaron dos ideas para que funcionara el
malévolo plan: imponer una tiranía con la excusa de un virus mortal y peligroso
que llevase a medidas restrictivas que acabasen con los derechos y libertades
fundamentales e imponer más de lo mismo con la excusa del cambio climático. Los
políticos del mundo eran una casta aborregada, gente sólo con ansias de dinero
y poder, que no tenían la habilidad de pensar, por lo que serían fáciles de
engañar o convencer con fajos de dinero para que obrasen, violando los derechos
humanos creyendo proteger a la gente de una pandemia o al planeta del cambio
climático. La finalidad de todo esto: el alzamiento de la población civil,
guerras, disturbios, el fin de la humanidad y la destrucción de Europa y
Estados Unidos. Después de la gran revuelta llegarían ellos a restablecer el
orden mundial trayendo la paz social. Sería como los ordenadores, y de esto Jim
Hates sabía mucho, el «gran Reset»: el gran reinicio de Europa-EE. UU.
con un único gobierno dirigido por los magnates multimillonarios y poderosos, quienes
ya no tendrían problemas con aranceles y normas nacionales para sus negocios
porque ellos serían los dueños del nuevo país más próspero del mundo: EuroAmerica.
Occidente recobraría la paz a costa de perder la gente sus derechos y
libertades siendo todos los ciudadanos controlados por las élites con el nuevo
pasaporte digital.
Lo pronostiqué y pasó
El autor
Emilio García Ranz
Emilio García Ranz (Bilbao, 1974) es escritor y periodista (UPV-EHU 1998). Fundó en 1999 el periódico local semanal La Bañeza hoy (La Bañeza - León, España) que él dirige, así como el canal de YouTube La Bañeza hoy televisión. Ha publicado, con éste, siete libros: dos partes de su autobiografía, Y sin embargo resisto (2021), donde narra su vida de 0 a 24 años, y No todo es blanco o negro (2022), donde narra de sus 24 a 48 años; tres novelas de ciencia ficción, COVID-19 la gran conspiración (2021), Marburg plandemia (enero de 2022) y Ómicron, el principio del fin (octubre de 2022). En 2023 publicó Mi padre tiene cáncer, en el que narra un drama personal.
Ficha técnica
- Encuadernación
- Tapa Blanda
- Páginas
- 338
- Dimensiones
- 152 X 228 mm
- Publicación
- 2024
- ISBN
- 9788410266285
- Idioma
- Español
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