Caligrama
Entrevistas

Victoriano J PeraltaHieronymus

12 de enero de 2026

¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?

Situémonos, algunos de nosotros refrescando recuerdos, y los que tienen menos de medio siglo en su DNI haciendo un ejercicio de imaginación, en el tiempo en que yo era niño y adolescente. Hemos de saber que en aquellos años, los días tenían más horas o estas eran más largas. Además de mi pelota, hermanos de varias edades, un equipo de chapas con los nombres de Kubala, Di Stéfano…, también tenía una libreta con hojas de cuadrícula como las que todavía uso, en ellas escribí mis primeros cuentos. Este fue el principio del viaje literario que empezó casi desde las primeras cartillas de Álvarez, el sabio que me enseñó a escribir las palabras.

¿Por qué escribes?

Emerge una idea en cualquier momento del día o despertamos de ese otro mundo de los sueños en la madrugada, a veces es un sentimiento que queremos guardar o un recuerdo que aparece como una fotografía que lleva años escondida. Así, por instinto, mis manos encuentran las palabras que no sabría decir mi boca.

¿Cómo surge el libro Hieronymus ¿Qué ven tus ojos?

Me atrae, como lector y como escritor, la ficción histórica; esa realidad que, en nuestro aprendido concepto del tiempo, damos por muerta. Vamos a imaginar que tenemos unos rollos de antiguas películas con millares de fotogramas que podemos revivir con un proyector sobre una pared blanca en la que renacerán historias de todo tipo; creámonos que los actores saltan del celuloide y nos muestran sus alegrías o desventuras. Empieza la llamada ficción, que no es otra cosa que la realidad no contada antes. A partir de esta visión, escarbé en los enigmáticas fotogramas que nos dejó Hieronymus Bosch, para buscar su alma.

¿Cómo definirías esta obra?

Las hojas de papel que sostienen la novela son como un tablero que pudiera parecerse al del juego de la oca y a las imágenes representadas en las tablas de El Bosco.

¿Quiénes son los personajes y cómo son?

Los hay reales, que fueron de carne y hueso, y otros son imaginados; ellos movieron mi mano derecha para narrar lo que quiso su antojo.

¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?

El delgado trazo del bolígrafo que escribió los renglones del libro es como el hilo que separa fuerzas contrarias: la luz de la sombra, la bondad de la maldad, la realidad de la ilusión. Estas son las que se habitan en el trasfondo.

¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?

Demasiado intensa, porque en este teatro del Faiceur de diables (como dice la inscripción de la estatua de Hieronymus Bosch plantada ante la que fue su casa en Bolduque), he convivido con actores y energías que a veces me han afectado; está escrito en la solapa del libro: «Aquel que pasa mucho tiempo con El Bosco, acaba contagiándose de misterios» y, tal vez si volviera a años atrás cuando decidí escribirlo, no me adentraría en el juego de ese tablero.

¿Qué has aprendido escribiendo este libro?

Que nunca sería un historiador ortodoxo, sino de tertulia, como en los tiempos, antes de que nacieran libros, de aquellos narradores que viajaban de plaza en plaza.

¿A qué público van dirigidas tus obras?

Desde los 15 a los 100 años, a los que disfrutan leyendo despacio y a veces cierran los ojos para leer entre líneas.

¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?

En los últimos meses he tenido un cambio de domicilio y de ciudad, con lo cual, al revolver bibliotecas y trasteros, han vuelto a mis manos centenares de escritos dormidos durante decenas de años; ellos son fruto de la ilusión de los años jóvenes, ilusión en su doble expresión de esperanza y fantasía; me gustaría que los de mi madurez transmitan la misma autenticidad y magia.

¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?

Digo en la introducción del libro «No toda luz revela. A veces, es la sombra la que desnuda lo oculto». Los años en los que se desarrolla la trama fueron los últimos de una época oscura. El reto ha sido, como en cualquier novela histórica, tras la primera etapa de documentación bibliográfica, tratar de identificarme con las personas sencillas que habitaron en los márgenes de los libros. Viajé a Bolduque, la ciudad donde vivió mi personaje, Hieronymus Bosch —El Bosco— para andar las calles, navegar los canales, ver amanecer desde las ventanas de aquellas casas, recorrer los bosques hasta anochecido. Cuando me sentí un actor más de la historia, empecé a narrarla mientras enseñaba a mis ojos a ver, como en los versos de Lord Byron, Ni una sombra de más, ni un rayo de menos.

¿Te sirve algún método de escritura?

En el primer manuscrito, que es el que vale, es importante mi libreta de espiral y el entorno, pero no son imprescindibles porque puedo escribir en distintos sitios: sentado en la arena de la playa, en la mesa inspiradora de una biblioteca, también brotan borradores estando entre sueños o paseando. Lo único necesario es el silencio para estar conmigo mismo y no espantar a los actores, a veces asustadizos, que acuden a contar sus cosas.

¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?

Un lector vive en muchas vidas y yo le deseo, en esta que he inventado, emociones, y que al terminar la aventura guarde el libro como el álbum de un viaje que le dejó bellos recuerdos. Termina la frase. Caligrama es…

A Caligrama y las personas que desde allí nos ayudan a los escritores, la describiría como una casa prodigiosa a la que acudimos con el borrador de un manuscrito y, sin que se sepa por qué alquimia, acaban saliendo por la chimenea centenares de ejemplares de tu libro. Preguntas rápidas

EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO:

Una preciosa edición anotada del bicentenario de los Hermanos Grimm. UN LIBRO QUE QUIERAS LEER:

Tego en espera el último de Ken Follet, El círculo de los días. UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE TU OBRA:

O fortuna del Carmina Burana. UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS:

Ken Follet UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS:

Iréne Némirovsky UNA FRASE DEL LIBRO Hieronymus ¿Qué ven tus ojos?:

«…como suele ocurrir en la literatura, acaso lo ficticio revele verdades más hondas que las que ofrece la mera cronología».

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