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Entrevistas

Manuela FonsecaLa red de Indra

8 de enero de 2026

¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?

La aventura literaria comenzó mucho antes de que yo fuera consciente de ella. Tras diez años trabajando como periodista, sentí que mi voz pedía un espacio más íntimo y libre. Entonces tuve el coraje de escribir Marala, mi primera novela, y ese gesto lo cambió todo. Comprendí que la literatura era mi verdadero hogar, un oficio al que pertenezco desde siempre y donde puedo explorar mi creatividad, mis revelaciones y la profundidad de lo humano. Desde entonces, no he dejado de escribir.

¿Por qué escribes?

Escribo porque las historias se me desbordan y necesitan un cauce. Porque los personajes me buscan, golpean a mi puerta interior y me piden que les dé voz y destino. Escribo para comprenderme, para sanarme, para ordenar el caos y convertirlo en belleza. Y también porque es mi oficio y mi servicio: acompañar, conmover y transformar a quienes se asoman a mis páginas. En la escritura encontré el lugar donde todo lo que soy, mis sombras, mis recuerdos, mis intuiciones, puede convertirse en luz para los demás.

¿Cómo surge el libro La red de Indra?

La red de Indra nació hace unos cinco años, cuando leí el testimonio de una joven que había vivido una fuga disociativa, un trastorno que entonces desconocía y que me conmocionó por su misterio y su fragilidad. A partir de ese impacto inicial comencé a investigar y, poco a poco, la ficción fue tejiéndose sola: personajes, paisajes interiores y preguntas sobre la identidad, la memoria y el alma. Aunque es un drama psicológico, quise que la novela respirara profundidad espiritual. Por eso integré elementos del hinduismo, del budismo y de distintas filosofías orientales, para que la historia no solo explorara un trastorno mental, sino también el viaje íntimo hacia la conciencia, la sombra y la sanación. Así surgió este universo donde lo humano y lo trascendente se entrelazan como los hilos luminosos de la propia red de Indra.

¿Cómo definirías esta obra?

La red de Indra es una novela que mantiene al lector en vilo, atrapado en una intriga psicológica que se despliega capa por capa. Indra, su protagonista, no busca ser complaciente. He construido su complejidad a propósito, incluso su difícil empatía, para que el lector transite el desconcierto y llegue al final con un asombro profundo. Es una obra que desafía, que inquieta, y que revela su verdad solo cuando uno se atreve a mirar más allá de la superficie.

¿Quiénes son los personajes y cómo son?

La protagonista es Indra Martínez, una mujer compleja y contradictoria, hija de artistas y criada en un entorno casi circense marcado por la fama, las redes sociales y la exposición mediática. Desde niña arrastra un profundo conflicto de identidad: su físico de rasgos indios contrasta con un padre biológico desconocido y un origen del que nadie habla. Esa grieta la habita desde siempre. Indra fue adoptada por Feliciano Martínez, un reconocido director de cine español, y creció bajo la presencia intensa de Janet, su madre: una mujer latina, protectora hasta el exceso, que intenta moldearla a su imagen. Sus hermanos, Bruno y Rafael, completan ese universo familiar excéntrico y emocionalmente desafiante. En su vida adulta, Indra está casada con Santiago Valdés, un hombre narcisista, egocéntrico, casi sociópata, cuya presencia la va desdibujando hasta borrar los contornos de quien alguna vez fue. Entre la presión mediática, los conflictos familiares y el abuso emocional, Indra lucha por recuperar su identidad, tarea aún más difícil cuando aparece en su vida la fuga disociativa, un trastorno que desordena su mundo, su memoria y su percepción de sí misma, sumergiéndola en un miedo visceral y en un viaje profundo hacia su propia transformación.

¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?

En La red de Indra exploro la fuga disociativa y los trastornos de la identidad, no solo desde lo clínico, sino desde la intimidad emocional y el trauma que pueden desencadenarlos. La novela también aborda el peso de la presión social y de las redes sociales, ese escenario donde la imagen se vuelve una máscara y donde la identidad puede fragmentarse bajo la mirada ajena. En el trasfondo vibran los conceptos de Jung: los arquetipos, la sombra, las huellas inconscientes que nos habitan y dirigen nuestra vida sin que lo sepamos. Todo ello se entrelaza con una pregunta esencial: ¿quiénes somos realmente cuando se apagan las luces y dejamos de actuar para el mundo?

¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?

Ha sido una experiencia profundamente gratificante y transformadora. Investigar temas psicológicos, filosóficos y existenciales tan vastos me llevó a lugares interiores que no esperaba. Mientras construía la historia de Indra, también fui entendiendo partes de mí misma, iluminando sombras, sanando heridas. La red de Indra no solo me permitió crecer como escritora, sino también como mujer. Fue un viaje de búsqueda, revelación y verdadera transformación personal.

¿Qué has aprendido escribiendo este libro?

He aprendido muchísimo sobre la fuga disociativa, estudiando casos reales y las formas en que médicos y psiquiatras han intentado comprenderla y tratarla. También me adentré en la filosofía y en las teorías de figuras como Jung, Tissié y Mesmer, que ampliaron mi mirada sobre la memoria, el inconsciente y los misterios de la mente humana. Comprendí cómo el trauma puede fracturar la identidad y cómo la disociación es, a veces, una forma desesperada de protección. Pero, sobre todo, escribir esta novela me enseñó a mirar más hacia adentro, a reconocer mis propias grietas y a descubrir que en la profundidad, incluso en la oscuridad, también hay luz y sentido.

¿A qué público van dirigidas tus obras?

Cuando comienzo a escribir, lo hago con la intención de llegar a un público amplio, sin pensar en un lector específico. Sin embargo, a medida que la historia toma forma, mis novelas suelen inclinarse hacia un público femenino, quizá por la sensibilidad emocional, la introspección y la prosa romántica y poética que me caracteriza. Aun así, trato cuestiones universales que pueden resonar en cualquier persona: crimen, desapariciones, adicciones, trastornos mentales, comportamientos excéntricos, identidad, trauma y espiritualidad. Son temas que atraviesan lo humano en todas sus capas. Por eso siempre digo que basta con abrir una de mis novelas para que el propio lector descubra si mi estilo es un espejo donde reconocerse, o si prefiere buscar su camino en otra voz literaria.

¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?

Mi evolución ha ido de la mano de mi propio crecimiento interior. A medida que me conozco más y que me asumo con mayor honestidad, los temas que abordo se vuelven más profundos y atrevidos, y pierdo el miedo a la crítica o al rechazo. He aprendido a ser leal a mi intuición y a los universos literarios que a mí me gusta leer, y que luego reinvento con mi propia voz, mi creatividad y mi sensibilidad. Siento que he evolucionado no solo en técnica, sino también en madurez. Ahora escribo con más libertad, con más verdad y con una entrega absoluta a las historias que me eligen para ser contadas.

¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?

El mayor reto fue asumir que La red de Indra aborda un tema de enorme complejidad y oscuridad, y confiar en que esa densidad era necesaria para llegar al final que la historia pedía: un desenlace desgarrador, casi inevitable. Temía que pudiera percibirse como un libro demasiado duro o sombrío, pero comprendí que la luz del final solo podía nacer de esa oscuridad inicial. Mantener ese equilibrio, sin suavizar la verdad de Indra, fue el desafío más grande y, al mismo tiempo, el más honesto.

¿Te sirve algún método de escritura?

La red de Indra es mi séptima novela, así que llega después de muchos años de oficio y de una disciplina que he ido afinando como quien pule la madera de un instrumento. Trabajo con un método casi ritual: primero aparece el tema, esa intuición inicial que me llama; luego viene la investigación, que en realidad nunca se detiene y va acompañándome durante todo el proceso. Pero lo esencial es la disciplina de sentarme cada día frente al ordenador, como si fuera un trabajo de cualquier otro ámbito, con horarios y constancia. Y, por último, la paciencia infinita que requiere la corrección. Esa etapa que parece no terminar nunca y que demanda voluntad, entrega y la fuerza interior para saber cuándo poner el punto final. Es un proceso exigente, sí, pero también profundamente gratificante.

¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?

Ante todo, deseo entretener a mis lectores, que mis novelas sean un refugio donde puedan escapar por un instante de sus rutinas y de sus propias batallas. Pero, por encima de eso, busco provocar una transformación interior, que no sean los mismos después de cerrar el libro, que mis historias sigan resonando en su mente y en su corazón, y que, de algún modo, se conviertan en herramientas para mirar la vida con más conciencia, más sensibilidad y más profundidad. Termina la frase. Caligrama es…

un canal literario que da vida a infinitas historias, un espacio donde convergen voces, relatos y vivencias. Una plataforma que abre sus puertas a escritores talentosos y a artistas que buscan expresión a través de la palabra escrita, acompañándolos en el camino de convertir sus mundos interiores en libros que puedan tocar a otros.

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Carmen Laforet, Daphne du Maurier, Ayn Rand UNA FRASE DEL LIBRO La red de Indra:

«Todo era un hueco, un abismo. Solo sabía que había estado ausente. Radicalmente ausente. Como si mi cuerpo hubiera estado allí, pero mi conciencia se hubiese disuelto en otro plano. No tenía memoria de nada ni sabía dónde estaba. Pero lo más desconcertante de todo aquello era la sensación de no haber estado en ningún lugar».

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Manuela Fonseca autora de La red de Indra — Caligrama