José M. Ortega BenitoHaizea: crónicas de un vendaval - Al otro lado del Atlántico
29 de abril de 2026
¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?
Tarde, como casi todo lo que vale la pena. Me jubilé con la sensación de que había algo que necesitaba entender sobre un episodio histórico que me perseguía desde hace años: el incendio y saqueo de San Sebastián en 1813, perpetrado no por los franceses sino por los aliados que supuestamente venían a liberar la ciudad. Quise entenderlo, y la única manera que encontré de hacerlo fue escribir acerca de ello.
¿Por qué escribes?
Si la pregunta se refiere a la ficción narrativa, porque hay preguntas que la ciencia no puede o no sabe responder y la historia responde a medias. La ficción tiene la ventaja de poder sentarse en el medio y no tener que elegir entre el dato y la emoción; te da el poder de especular sobre datos incompletos y proponer alternativas fiables a lo ya establecido.
¿Cómo surge el libro Haizea: crónicas de un vendaval - Al otro lado del Atlántico?
Todo empezó con San Sebastián, 1813. Quería escribir sobre ese episodio —el saqueo de la ciudad por las tropas aliadas, uno de los capítulos más olvidados e incómodos de las guerras napoleónicas— y necesitaba un personaje que pudiera estar allí con ojos propios. Haizea surgió como testigo y acabó convirtiéndose en protagonista. Pero para que pudiera llegar a ese hecho en 1813, tuve que construirle una vida entera: Bera, Canadá, Trinidad, Londres, Edimburgo. Lo que iba a ser un libro se convirtió en una trilogía casi sin que me diera cuenta. Este primer volumen lleva por subtítulo: Al otro lado del Atlántico. El episodio del asalto a San Sebastián se narra en el siguiente volumen: Al otro lado del espejo.
¿Cómo definirías esta obra?
Una novela —ya trilogía— de aventuras históricas con una protagonista que no encaja en ninguna de las categorías que su época le asigna: ni del lado correcto en la guerra, ni del género (en cuanto al sexo) correcto para hacer lo que hace, ni de la nación correcta para servir a quien sirve. Una historia sobre los márgenes, contada desde dentro de ellos.
¿Quiénes son los personajes y cómo son?
Haizea es el centro: una joven vasco-navarra de catorce años que huye de la guerra con su hermano Iñigo de cinco y acaba convirtiéndose, ya toda una mujer, en una agente doble en el Caribe. Es inteligente, obstinada y moralmente compleja: no es una heroína sin tacha sino alguien que toma decisiones difíciles en circunstancias imposibles. A Iñigo se le ve madurando rápidamente convirtiéndose en un hombrecito antes de tiempo. A su alrededor hay personajes históricos reales —el gobernador Picton, el cónsul James Duff, Madame de Saint-Laurent— mezclados con ficticios. Intenté que los reales fueran fieles a los documentos y que los ficticios fueran fieles a la época.
¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?
El exilio y la identidad: quién eres cuando te arrancan de donde naciste. La lealtad y sus límites: a quién se sirve cuando todos los bandos tienen razón a medias. El género como construcción: Haizea no se disfraza de hombre por capricho sino porque las ropas masculinas son la única forma de acceder a ciertos espacios y ciertas libertades. Y la memoria histórica: los vencedores escriben la historia, pero los que vivieron en los márgenes la experimentaron de otra manera.
¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?
Sorprendente. Llevo treinta años escribiendo artículos académicos donde cada palabra tiene que estar justificada por una evidencia. La ficción funciona de modo que la evidencia está al servicio del relato, y no al revés. Tardé en hacer las paces con esa libertad. Cuando lo conseguí, no pude parar.
¿Qué has aprendido escribiendo este libro?
Que la investigación histórica y la escritura narrativa se parecen más de lo que pensaba: en las dos hay que saber qué incluir y qué dejar fuera. También, que los personajes, cuando están bien construidos, acaban tomando decisiones propias que el autor no había planeado. Haizea me sorprendió más de una vez.
¿A qué público van dirigidas tus obras?
Para aquellos que quieran disfrutar de la novela histórica con rigor pero sin purismo. Para quienes sientan curiosidad por un periodo no suficientemente narrado y quieran asomarse al Atlántico de finales del XVIII, con la Guerra de la Convención, el final de la Revolución Francesa y los caminos que llevaron al mundo napoleónico, contados desde voces vascas, canadienses y caribeñas. Una perspectiva poco frecuente en la ficción española. Y para lectores que agradezcan una protagonista femenina que no es ni víctima ni superheroína sino algo más interesante: una persona que improvisa.
¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?
Soy demasiado nuevo en esto para hablar de evolución. Lo que sí noto es que en cada volumen me ha costado menos frenarme y más atreverme. El primero lo escribí con la cautela del médico que no quiere equivocarse. El segundo con algo más parecido a confianza. El tercero lo estoy escribiendo con algo que quizás ya se puede llamar voz propia.
¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?
El equilibrio entre el rigor histórico y la libertad narrativa. Tengo el instinto de citar las fuentes y aclarar las incertidumbres. La ficción histórica requiere tomar decisiones donde los documentos no llegan, y eso me incomodó al principio. Por eso, he incluido un extenso apéndice que distingue lo documentado de lo inventado, y un glosario que explica cierto términos. Es, quizás, una concesión a ese instinto.
¿Te sirve algún método de escritura?
La investigación crítica, siempre. No puedo escribir una escena si no sé qué ocurría en esa calle, qué se comía en esa ciudad, qué música se escuchaba en ese año. Una vez que tengo ese suelo firme bajo los pies, la escena sale sola. Sin esa base, todo suena hueco.
¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?
Que al terminar el libro descubran algo que no sabían sobre el Caribe de finales del XVIII, o sobre Inglaterra y Escocia a principios del XIX —porque sobre lo que ocurrió durante la guerra de independencia (guerra peninsular para los ingleses) no se trata en este volumen, sino en el siguiente—. Si se impregnan de esa información que ignoraban sin darse casi cuenta, y si Haizea los acompaña un tiempo después de cerrar el libro, entonces esa es la mejor señal de que una novela ha funcionado.
Termina la frase. Caligrama es…
la puerta por la que entró Haizea al mundo. Sin ellos, la historia de esa muchacha vasca seguiría siendo un manuscrito en un cajón. Y es que Caligrama es una editorial que cree en el primer libro. Eso, para un autor novel, lo es todo.
Preguntas rápidas
EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO:
The Loss of El Dorado (La pérdida del Dorado) de Vidiadhar S. Naipaul, en tándem con su A Way in the World (Un Camino en el Mundo). UN LIBRO QUE QUIERAS LEER:
El ciclo de Episodios de una Guerra Interminable, de Almudena Grandes. UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE TU OBRA:
Obertura de Fidelio - Leonora III, Ludwig van Beethoven. UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS:
Issac Asimov UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS:
Margaret Atwood UNA FRASE DEL LIBRO Haizea: crónicas de un vendaval - Al otro lado del Atlántico:
«No cantan para su amo, cantan a pesar de él» (Capítulo XXI) o quizás: «La estulticia es el condimento que le falta a la maldad para convertirse en crueldad» (Capítulo XX)

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