Jordi Moya SolàSwingers
6 de mayo de 2026
¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?
La escritura siempre ha estado presente en mi vida, aunque durante muchos años fue algo íntimo, casi secreto. De niño, mi abuelo escribió un libro y repartió copias entre la familia. Esa imagen se me quedó grabada: la idea de crear algo que perdura, que trasciende lo inmediato. El punto de inflexión llegó entre 2010 y 2011, tras un acontecimiento importante. Entré en un entorno, viví una etapa que con el tiempo entendí que merecía ser contada. No desde la exposición, sino desde la necesidad de transformar esa experiencia en algo con sentido. Y así empezó todo.
¿Por qué escribes?
Escribo porque hay historias que no me dejan en paz hasta que las cuento. Con Swingers (Magicfinger) pasó algo concreto: cuando terminé el manuscrito y lo compartí con lectores beta, la respuesta fue mucho más potente de lo que esperaba. No solo gustó — generó conversación, impacto, incomodidad en el buen sentido. Preguntas que la gente no se atrevía a hacerse en voz alta. Ahí entendí que escribir no era solo un refugio personal, sino un compromiso: construir historias que conecten, que remuevan y que merezca la pena compartir.
¿Cómo surge el libro Swingers?
De una noche en carretera, camino a Barcelona, en una situación fuera de lo habitual. Las luces de la autopista, la tensión del momento... todo empezó a ordenarse en mi cabeza como si fuera una escena de cine. Ahí apareció la primera imagen. Y con ella, la historia. Lo que nace de algo real evoluciona rápidamente hacia la ficción. La novela deja de ser un reflejo de lo vivido para convertirse en un thriller construido sobre esa chispa: con giros, capas de intriga y personajes que no son lo que parecen. El lector encontrará un juego diseñado para atraparle desde la primera página y no soltarle hasta la última.
¿Cómo definirías esta obra?
Swingers (Magicfinger) es un thriller psicológico con una fuerte carga erótica... pero su verdadera ambición es otra: hacer que el lector cruce una puerta que no sabía que existía. La novela introduce al lector en el universo swinger desde dentro, con sus códigos y sus reglas, lejos de los clichés. Pero no es una historia sobre sexo: es una historia sobre hasta dónde estás dispuesto a llegar para no perder lo que amas. Y sobre lo que descubres de ti mismo en el camino. Funciona en dos niveles simultáneos: como thriller que atrapa... y como espejo incómodo que algunos preferirán no mirar.
¿Quiénes son los personajes y cómo son?
Clara y Leo son, en apariencia, una pareja cualquiera. Pero están al límite. Leo toma una decisión que muy pocos se atreven a tomar: en lugar de rendirse, decide enfrentar la crisis desde el diálogo y la reconstrucción. Es un personaje valiente precisamente porque elige el camino difícil cuando lo fácil sería desaparecer. Clara, en cambio, representa a quien ha perdido parte de sí misma sin darse cuenta. Su evolución a lo largo de la historia es el verdadero motor emocional del libro. Y luego está Andrea — no diré mucho de ella, porque es el tipo de personaje que lo cambia todo sin que el lector lo vea venir. Solo adelantaré que abre una puerta. Lo que hay al otro lado... eso lo descubre el lector.
¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?
Tres ejes: identidad, segundas oportunidades y tabú. La novela pregunta qué ocurre cuando alguien se ve obligado a cuestionarse quién es realmente, más allá de los roles que ha construido — pareja, padre, profesional. Y si una crisis puede convertirse en punto de inflexión en lugar de final. El tabú también tiene un papel central. Me interesaba explorar un entorno que suele juzgarse desde fuera, sin conocimiento real, y mostrarlo humanizado. No para idealizarlo, sino para entenderlo. Porque muchas veces, lo que rechazamos dice más de nuestros propios límites que de la realidad en sí. Es, en el fondo, una historia sobre mirar de frente lo que incomoda... y decidir qué hacer con ello.
¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?
Transformadora. Y no lo digo de forma retórica. Este proyecto ha tardado más de trece años en llegar a existir. Ha sobrevivido bloqueos creativos, etapas personales complejas y momentos en que el entorno no entendía por qué seguía adelante con esta historia. Que hoy sea una novela publicada significa que valió la pena no rendirse. Lo que me llevo, más allá del libro, es una certeza: cuando te comprometes de verdad con una idea y no la abandonas, puede llegar mucho más lejos de lo que imaginas al principio. Y también la convicción de que esto no es un punto final — es el inicio de un camino que quiero seguir recorriendo.
¿Qué has aprendido escribiendo este libro?
A no subestimar mis propias ideas. Y a confiar en el proceso aunque no veas el final. También he confirmado que la escritura me permite ordenar el pensamiento de una forma que pocas cosas consiguen. Pero lo más revelador ha sido la construcción de personajes: darles voz, profundidad, ver cómo evolucionan dentro de la historia... hay un momento en que dejan de obedecerte y empiezan a sorprenderte. Ese momento es adictivo. A nivel emocional, el proceso me permitió revisitar una etapa importante de mi vida y reinterpretarla desde la distancia de la ficción. Entenderla mejor. Eso tiene un valor que va mucho más allá de publicar un libro.
¿A qué público van dirigidas tus obras?
A lectores que no se conforman con que una novela los entretenga — que quieren que también los remueva. Por tono y temática, probablemente conecte mejor con lectores a partir de los 30 años, porque aborda conflictos emocionales y dinámicas de pareja que requieren cierta experiencia vital para resonar de verdad. Pero no está pensada para un perfil cerrado. Si tuviese que describirlo en una frase: para quien esté dispuesto a leer sin prejuicios y a salir de la última página pensando en cosas que quizás prefería no pensar.
¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?
Honestamente, siento que mi evolución está justo arrancando — y eso, lejos de preocuparme, me entusiasma. Cuando comparo los primeros materiales con el manuscrito final de Swingers, el cambio es evidente: he ganado conciencia sobre mi propia voz, he aprendido a pulir estructuras, a controlar excesos y a tomar decisiones más precisas a nivel narrativo. El proceso editorial y el feedback de lectores beta han sido clave en eso. Pero lo más importante de esta evolución es que ya tengo en marcha mi segunda novela, La caza del Penitente, un thriller psicológico más oscuro y más exigente. Con ella he tenido que desarrollar habilidades nuevas: documentación profunda, construcción de universos que no conozco desde la experiencia personal. Eso me ha hecho crecer como autor de una forma que Swingers no me podría haber dado sola. Soy consciente de que me queda mucho recorrido. Y ese recorrido es exactamente lo que me impulsa.
¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?
Sostener el proyecto durante más de trece años sin abandonarlo. Hubo parones largos, etapas en que el entorno no entendía — o no compartía — que dedicara tiempo y energía a escribir sobre esta temática. Mantener la continuidad, volver a la historia después de meses de silencio sin perder su esencia, ha sido probablemente el desafío más exigente. A nivel creativo, el reto más importante fue tomar la decisión de abandonar cualquier referencia real y construir un universo completamente ficcionado. Eso supuso rehacer gran parte de la obra — pero también la elevó. Le dio una coherencia y una libertad narrativa que no habría tenido de otro modo. El verdadero reto, en definitiva, ha sido encontrar el equilibrio entre contar una historia potente y hacerlo con responsabilidad. Y, sobre todo, no rendirse en el proceso.
¿Te sirve algún método de escritura?
Mi método ha evolucionado de la intuición pura a algo más estructurado — y creo que esa evolución es la que ha marcado la diferencia. Durante años escribí de forma casi instintiva: escenas, ideas, situaciones que tenían peso pero sin dirección clara. El punto de inflexión llegó en 2025, cuando decidí convertir ese material en una novela real. Definí el final, construí una hoja de ruta con más de cuarenta capítulos y empecé a trabajar con conciencia narrativa. En ese proceso descubrí algo interesante: tenía dos novelas dentro de una. Una primera parte más emocional y erótica, centrada en el descubrimiento del mundo swinger, y una segunda orientada al thriller. Unificarlas — hacer que la intriga estuviera presente desde el primer capítulo — fue el trabajo más complejo y, a la vez, el que más me enseñó. Hoy mi método es un equilibrio entre estructura y libertad: una base sólida que me da dirección, sin ahogar lo que hace que una historia respire.
¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?
Que cierren el libro y no puedan no hablar de él. Me gustaría que Swingers (Magicfinger) contribuyera a desmitificar el mundo swinger — mostrarlo como lo que realmente es para muchas personas: una opción basada en el respeto, la comunicación y la libertad, no algo oscuro ni prohibido. Pero más allá de eso, me interesa que la novela abra conversaciones que solemos evitar: sobre los celos, la posesión, el desgaste en la pareja, el miedo a perder al otro. Temas universales que muchos preferimos no nombrar en voz alta. Si alguien termina el libro y habla de él con su pareja, con un amigo, o simplemente se queda pensando en silencio... eso, para mí, es el éxito real. Termina la frase. Caligrama es…
el punto de inflexión entre escribir un libro y convertirte en autor. Preguntas rápidas
EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO:
Origen, de Dan Brown UN LIBRO QUE QUIERAS LEER:
El Último secreto, de Dan Brown UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE TU OBRA:
SW Magicfinger — La Balada. La hemos creado específicamente para el libro. Ya está disponible en Spotify. UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS:
Hay varios, Dan Brown, John Katzenbach UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS:
Sin duda, Anne Rice. UNA FRASE DEL LIBRO Swingers:
«La sospecha no irrumpe en la vida como un rayo que parte el cielo en dos. Es más bien una llovizna persistente, fina y silenciosa, que se filtra por los huecos del alma hasta empaparla por completo».

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