Héctor Vera AzargadoAmérica llama otra vez
13 de noviembre de 2025
¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?
Desde muy joven, la verdad. La lectura era una forma de explorar el mundo, y por eso siempre sentí una fascinación especial por los libros de aventuras y ciencia ficción. Al escribir, sin embargo, el camino fue distinto. Llegaron primero los poemas, luego los cuentos, y solo después esta novela. Me tomé mi tiempo, tal vez demasiado. Pero tengo claro que no voy a parar.
¿Por qué escribes?
Escribo porque no me puedo aguantar. Porque me gusta contar historias y porque a veces solo escribiendo puedo explorar y darle cierta forma a lo que pienso. La escritura es mi forma de preguntar, de resistir, de imaginar y de habitar otros mundos o espacios posibles. Es mi forma de pensar en voz baja.
¿Cómo surge el libro América llama otra vez?
Nació de una intuición y de una pregunta: ¿qué pasaría si América dejara de ser un territorio ocupado y se convirtiera en la última reserva natural del planeta? La idea creció alimentada por lecturas científicas, viajes, documentales y una inquietud persistente por entender las relaciones entre tiempo, seres humanos y naturaleza.
¿Cómo definirías esta obra?
América llama otra vez es una novela de aventuras y ciencia ficción, pero en el fondo es también una descripción filosófica sobre el lugar que ocupa la vida —toda la vida— en el relato del futuro. Es una exploración narrativa de la memoria biológica y del modo en que nuestras decisiones afectan el curso evolutivo no solo de la humanidad, sino del planeta mismo. Intenté escribir una novela que, sin dejar de lado la tensión en temas como biotecnología e inteligencia ecológica, dialogara también con la herencia literaria de autores como Verne, Dafoe, Salgari o Dumas. Me interesaba recuperar esa estructura clásica de la aventura: un grupo de personajes enfrentado a lo desconocido, una travesía que cambia sus certezas, y un escenario —en este caso, América— que es tanto geográfico como simbólico.
¿Quiénes son los personajes y cómo son?
Son científicos, exploradores, sobrevivientes… pero también son idealistas, escépticos, fugitivos del pasado. Cada uno representa una forma distinta de relacionarse con el conocimiento, la naturaleza y el poder. No son héroes, sino testigos de un momento crucial.
¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?
En el corazón filosófico de América llama otra vez se expone una hipótesis evolutiva que creo es muy audaz: la del Homo Pari. Durante miles de años, los primates convivieron en equilibrio con el planeta. Eran parte de la trama natural, no una fuerza que la dominaba. Pero en algún punto, una de sus líneas evolutivas —la que daría origen al Homo Sapiens— se desacopló del resto: comenzó a intervenir, a transformar, a separarse de los ritmos del entorno. Ese desacoplamiento es la raíz del poder humano… y también de su amenaza. El Homo Pari representa una alternativa evolutiva. Una especie tan avanzada como el Sapiens, pero que no rompió su vínculo con el planeta ni con las demás formas de vida. No se impone sobre la naturaleza: se acopla a ella. No diseña desde fuera: evoluciona desde dentro. El Homo Pari es una ficción científica, pero también una metáfora poética y política. Es la imagen de lo que podríamos haber sido. O de lo que, quizás, aún podemos ser si aceptamos que la inteligencia no está reñida con la armonía. Un símbolo de la evolución sin soberbia. De la tecnología sin ruptura. De la vida que no se impone, sino que escucha.
¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?
Exigente y reveladora. Esta novela me obligó a estudiar, a escuchar, a dudar. Pero también fue una experiencia profundamente creativa: me permitió relatar —física y sicológicamente— a un grupo de personajes con características individuales muy distintas y potentes.
¿Qué has aprendido escribiendo este libro?
Aprendí a entender que una novela no se escribe solo desde las ideas, sino desde el ritmo, desde el paisaje, desde la particular perspectiva de cada personaje. Descubrí que una novela es un organismo complejo, simbiótico, vivo. Y que crece contigo, te desafía y te transforma. También aprendí el valor de la ciencia como campo narrativo. Escribir esta historia me obligó a pensar no solo en lo que la ciencia puede lograr, sino en lo que debería preguntarse antes de hacerlo. Y, quizás lo más importante, entendí que la disciplina personal —ese ejercicio silencioso y constante de sentarse a escribir— es el mejor estimulante creativo que existe.
¿A qué público van dirigidas tus obras?
A lectores curiosos, reflexivos, amantes de la ciencia, la historia y la ficción. A quienes disfrutan más de las preguntas que de las respuestas. Pero también —y esto es importante— a cualquier lector que valore una buena novela de aventuras, escrita cuidadosamente, con respeto por el lenguaje y por la inteligencia del lector. No hace falta tener conocimientos científicos para sumergirse en esta historia: basta el deseo de imaginar.
¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?
He pasado de escribir para mí a escribir para otros. Del impulso espontáneo a la conciencia del oficio. Esta novela representa, sin duda, un punto de inflexión: América llama otra vez es mi libro de partida, no de llegada. Es el primer paso de un despliegue creativo que incluirá ciencia ficción, literatura contemporánea y poesía. Mi escritura aún está creciendo, y confío en que esa transformación y mi capacidad para trabajar distintos géneros sea parte de su identidad. Más que alcanzar una forma definitiva, quiero seguir descubriéndola.
¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?
Trabajé la narración con especial cuidado para que el ritmo necesario de una novela de aventuras no se perdiera, pero al mismo tiempo fuera acompañado de una prosa contemporánea, atenta al lenguaje, al tono y a las capas sicológicas de los personajes. Que avanzara como relato, pero que también dejara espacio a la reflexión, a la belleza y a la pausa. Ese cruce fue, sin duda, mi mayor desafío… y también el motor más potente que tuve durante el proceso.
¿Te sirve algún método de escritura?
Soy un escritor que aún está aprendiendo el oficio. Pero entendí que una novela es una carrera de largo aliento, y que más allá de la inspiración, lo que verdaderamente la sostiene es la disciplina. No trabajo con estructuras narrativas cerradas: escribo a medida que la historia se abre paso y los personajes toman fuerza. Por eso, hay que saber escucharlos. Me considero más bien un coleccionista de frases, de argumentos científicos, de pequeñas historias, de gestos. Recojo materiales que a veces no sé cómo usar, pero que en algún momento se ensamblan.
¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?
Primero, que logre vivir una aventura, que se relacione con los personajes y que los acompañe en su travesía. No escribí esta historia para interpelar al lector ni para gatillar reflexiones existenciales; al menos no de forma premeditada. Pero si algo queda resonando después de la última página —una imagen, una pregunta, una emoción inesperada—, eso me haría profundamente feliz. Porque a veces una buena historia es suficiente para mover algo en nosotros, incluso sin proponérselo. Termina la frase: Caligrama es...
la mejor oportunidad para llevar a cabo un proyecto editorial serio y con perspectivas. Preguntas rápidas
EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO:
La Muerte Contada por un Sapiens a un Neandertal, de Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga. UN LIBRO QUE QUIERAS LEER:
Cualquiera de Murakami. UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE TU OBRA:
Eye in the Sky, de The Alan Parsons Project. UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS:
Gabriel García Márquez. UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS:
Sin ninguna duda, Agatha Christie. UNA FRASE DEL LIBRO América llama otra vez
: «La reserva biológica se había convertido en el mayor laboratorio natural del planeta».

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