Juan Merladet
1 de enero de 2022
¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?
En el año 2006. A bordo de un barco, navegando por el Mediterráneo, cuando una bella mujer envuelta en un pareo me ofreció de forma sugerente un gin-tonic con zumo de melón. Fue la idea primigenia de mi primera novela y mi comienzo literario.
¿Por qué escribes?
Por el placer masoquista de escribir. Porque tengo cosas que contar que creo pueden interesar a algunos lectores. En el colegio me decían que escribía bien. Luego fui por otros derroteros, la ingeniería industrial, y solo cuando me retiré comencé a escribir informalmente. Una editorial tradicional, a la que siempre le quedaré agradecido, me publicó Marejada en el Estrecho. Calificaron mi estilo de periodístico y de fácil lectura. Más tarde también me publicó El legado de Hatshepsut y El guion. Y ahora autoedito con Caligrama, espero que con éxito.
3.¿Cómo surge el libro Pasaron los años y no éramos los mismos
Del conocimiento de una historia de amor entre dos personas de orientaciones políticas radicalmente opuestas en su juventud. Traté con ellas y su historia me pareció novelable.
¿Cómo definirías esta obra?
Como la historia de un reencuentro feliz en los últimos años sesenta que, para materializarse en boda, encuentra muchas reticencias en la familia de ella debido a la historia política de él y su participación en la Guerra Civil.
¿Quiénes son los personajes y cómo son?
Pablo Miras, catalán, anarcosindicalista de la CNT-FAI, partícipe de la Columna Durruti en la Guerra Civil. Mercedes Costa, madrileña de adopción, bella mujer de familia burguesa de clase media, bien educada y alegre, que durante la República se afilió a Falange Española de las Jons, enamorada platónicamente de su líder.
¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?
Fundamentalmente la lucha entre las ideas de la juventud que persisten en la madurez contra los intereses del propio individuo. «Pasaron los años y no éramos los mismos», frase de Mercedes, se pone en duda en la contraportada: «¿No eran los mismos? ¿O sí?».
¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?
Interesante, como todas. Nueva para mí porque yo había publicado, como ya he dicho, por la vía tradicional. La autopublicación, en mi caso, está por ver. Se lo contaré a su debido tiempo. Espero que merezca la pena.
¿Qué has aprendido escribiendo este libro?
Con cada libro se aprende. A veces se trata de intangibles. Ejercitas tus sensibilidades. Vives otras vidas y haces que los demás las vivan a su aire. Un manuscrito da motivo a nuevas relaciones y a millones de comentarios, incluidos los de los críticos adversos. El escribir es un intento, solo un intento, de escapar de la propia mediocridad.
¿A qué público van dirigidas tus obras?
A cualquiera que tenga un mínimo de curiosidad. Escribo sin pretensiones de trascender, de dar lecciones o de moralizar. Me quedo en el modestísimo objetivo de entretener. Y de que el lector diga al final: «Ah, pues he pasado un buen rato, lo he leído del tirón y no está mal escrito». Más de uno me ha dicho: «Por fin, alguien al que se le entiende todo y utiliza un lenguaje rico».
¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?
Creo que ha ido a más. Aunque no querría desviarme de mi estilo de lenguaje sencillo, pero amplio y preciso. Lo que puedo decir con dos palabras no lo digo con tres. Pulo las frases, elijo las palabras. Busco el verbo adecuado. El lenguaje me preocupa. Es uno de los problemas de España. Se ha vulgarizado, reducido, despreciado, empobrecido. Es penoso oír las televisiones. Solo se preocupan de vender imagen y destrozan el lenguaje. Presentadores, salvo alguna excepción, y partícipes. Ayer oí que un futbolista, simpático a más no poder, pero con ínfima formación y que habla un pésimo castellano, va a dirigir un programa en una cadena de televisión nacional. Bazofia garantizada. Zafiedad a raudales en el idioma y en los comportamientos. Como la de los políticos. Están hundiendo uno de los tesoros que poseemos y que deberíamos mimar: el castellano o español.
¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?
Todo son retos. Pero abordables. El escribirlo, años. El releerlo, corregirlo, reordenarlo, la parte más pesada. Se trata de obtener un producto grato a la vista, y al tacto si es en papel, que invite a su lectura.
¿Te sirve algún método de escritura?
Escribo en Word. Me va bien. No sería capaz de hacerlo a mano o a máquina como los escritores de antes. El ordenador me estimula las ideas. Y eso me sorprende.
¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?
Su disfrute con la lectura, que aprecie el buen lenguaje y pase un buen rato con la historia. Nada más.
14.Termina la fase: Caligrama es…
En principio, un buen colaborador en poner el producto en el mercado. Espero que, dentro de poco tiempo, con el libro ya en el mercado, pueda ser más explícito. Por ahora, lleva buena pinta.
Preguntas ráfaga
EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO:
Hace mucho que no me satisface una novela. Soy muy exigente conmigo mismo y con los demás. Dejo mucho a medio leer, especialmente, novela. Me gustan más los ensayos y la geopolítica y alguna biografía. El infinito en un junco, de Irene Vallejo, me interesó mucho. O Imperios del mundo atlántico de John H. Elliot, recientemente fallecido.
UN LIBRO QUE QUIERAS LEER:
Acabar El gran mar de David Abulafia. Magnífico.
UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE ESTA OBRA:
Limeña por María Dolores Pradera.
UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS:
En su tiempo, Federico Forsyth o Morris West. Hoy, Domingo Villar o Cercas. Algún Goncourt.
UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS:
Daphne du Maurier con Rebeca. Y otras que ahora mismo no recuerdo. No elijo la lectura por el sexo del autor, sino por el asunto.
UNA FRASE DEL LIBRO Pasaron los años y no éramos los mismos
: «La transparencia entre los humanos con frecuencia nos separa más de lo que nos acerca».

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