Caligrama
Entrevistas

Emilio Quintanilla BueyParábola

10 de febrero de 2026

¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?

Desde muy joven. Siendo un adolescente. En mi casa había una pequeña biblioteca, muy bien seleccionada por mi padre, donde empecé a descubrir y a tratar de imitar a los que serían mis maestros. Sobre todo, poetas. Los versos de Villaespesa, de Rubén Darío o de Bécquer inspiraron mis primeros renglones rimados que yo leía a mis hermanos. De aquella creación primera, donde había incluso alguna obrita teatral inspirada por Marquina, no conservo nada, ni siquiera en la memoria. Desde entonces no he parado de escribir cosas, a menudo con destino final en la papelera. Siempre he sido muy exigente conmigo mismo.

¿Por qué escribes?

Por «órdenes de arriba» (me refiero al cerebro). Es un impulso recurrente que me pide el cuerpo. Casi un vicio, que me relaja y me hace sentir bien.

¿Cómo surge el libro Parábola?

Más que un poeta que escribe libros, soy un poeta que escribe poemas. Aunque tengo, naturalmente, algunos libros, la mayor parte de mi creación poética se sustancia en poemas sueltos. Con poemas sueltos he ganado premios, algunos importantes (Manuel Alcántara en Málaga, Vicente Aleixandre en Madrid, Amantes de Teruel en Aragón…). Alguno de esos poemas, que guardo amontonados, se ha publicado en revistas literarias, otros en libros colectivos, otros en autoediciones de escasa difusión y otros nunca han visto la luz. Me estaba haciendo falta publicar un poemario; un libro estructurado, con una unidad temática, integrado de principio a fin. Y nació Parábola.

¿Cómo definirías esta obra?

Es, casi, el testimonio autobiográfico de un poeta que tiene ya muchos años. Y digo «casi» porque, como la mayoría de los poetas, tiendo a idealizar y a hacer sublimes algunos hechos o situaciones que en realidad fueron comunes y hasta vulgares. Esto ya nos lo dejó dicho Pessoa: «El poeta es un fingidor».

¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?

Concebido en cinco partes, el libro va abordando las etapas más destacables de mi vida, jalonadas en la niñez, la juventud, la madurez, la vejez y finalmente un brevísimo alegato final que cierra el poemario.

¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?

Enriquecedora, sin duda. Cuando puse el punto final me sentí muy satisfecho y con la sensación de que era un hombre más maduro que cuando comencé el trabajo. Me pasa con todos mis libros. También con la novela, el relato o el ensayo, campos en los que hago de vez en cuando alguna incursión.

¿Qué has aprendido escribiendo este libro?

He comprobado, una vez más, lo importante que es para un escritor la disciplina, la sujeción a unos horarios y a unos hábitos. Cada día, el tiempo de escribir hay que respetarlo, con o sin inspiración; con o sin ganas. Como hay que respetar también el tiempo de reflexionar sobre lo escrito, de rectificar, de perfeccionar, de pulir… Creo que fue Plinio el Viejo quien popularizó aquella frase de «Ni un día sin línea». Pues eso.

¿A qué público van dirigidas tus obras?

Si hablamos de narrativa, a todos los públicos. Si hablamos de poesía, lo deseable sería que el lector, hombre o mujer, joven o mayor, además de ser una persona sensible, estuviera, en el momento de la lectura, especialmente sensitiva, predispuesta a embriagarse con lo que allí se dice, como si, además de leyendo versos, estuviera escuchando una bella melodía.

¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?

Normal. O sea, caótica, como debe ser. Con épocas fecundas y épocas climatéricas. Pero siempre madurando. Y así sigo.

¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?

Me dedico, con mucha frecuencia, a presentar en público a otros poetas. Coordino y dirijo un ciclo en el que se presentan poemarios. Y empezaba a sentirme un poco frustrado de que, presentando a menudo libros de otros poetas, yo no sacaba, desde hacía tiempo, mi propio libro. Y ese fue el reto y el origen de mi poemario Parábola.

¿Te sirve algún método de escritura?

No suelo ceñirme a ningún método, salvo el de la disciplina diaria que he mencionado antes, ni sigo una estrategia concreta para desarrollar mi creatividad. Procuro, eso sí, leer mucho y variado y mantener a punto mis «herramientas», mi arsenal básico (fonético, silábico) y a veces recurro a una brainstorming, a una tormenta desordenada de ideas de donde siempre sale algo.

¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?

Me gustaría que, tras leer el libro, el lector o lectora lo cerrara despacio, lo colocara con mimo en un lugar preferente de su estantería, y comenzara a tararear la marcha Radetzky, de Srauss, por aquello de las palmas.

Termina la frase. Caligrama es…

el faro que me ha orientado en el temporal. Preguntas rápidas:

EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO:

El archipiélago, de Hölderlin UN LIBRO QUE QUIERAS LEER:

Terminar de una vez el Ulysses, de Joyce. Nunca lo consigo. UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE TU OBRA:

El Nocturne Op 9, de Chopin UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS:

Rubén Darío UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS:

Mi tocaya Emily Dickinson UNA FRASE DEL POEMARIO Parábola:

«Vivir es ir juntando pedazos de ahora mismo».

Emilio Quintanilla Buey

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Emilio Quintanilla Buey autor del poemario 'Parábola' — Caligrama