Eduardo MerineroSilencio a dos voces
10 de febrero de 2026
¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?
Empecé a escribir hacia los catorce o quince años, más o menos, cuando empiezo la etapa de bachillerato en el instituto. Me topé en casa de mis abuelos con un libro de Antonio Machado y otro de Miguel Hernández, los leí y me resultaron estimulantes, nunca había leído literatura por mi cuenta, salvo los fragmentos de los libros de texto. A partir de ahí, intenté seguirlos o imitarlos. No sé si se trata de una aventura o de una vocación, tal y como yo entiendo este término, el de llamada a la que no puedes renunciar, incluso aunque lo intentes.
¿Por qué escribes?
Supongo, como he dicho antes, que por vocación, porque existe algo interior e indefinible que te impulsa. Creo que, aunque hoy se habla mucho de vocación, en referencia a las profesiones, sobre todo, no existen tantas. La vocación permanece contigo. A veces, yo he intentado dejar de escribir por lo que sea, frustración, sentirla como labor inútil, miedo al fracaso… Sin embargo, ahí sigo, seguramente porque también me proporciona a veces grandes dosis de libertad y de satisfacción, cuando crees que algo te ha salido bien. Son momentos de soledad pasajeros e incomunicables casi siempre, pero son gratificantes, si aparecen.
¿Cómo surge el libro Silencio a dos voces?
Quizá por deformación profesional, al final todo se pega. Tantos años y años hablando a los alumnos de bachillerato de los tópicos de la literatura clásica sin reparar en ellos como un motivo literario personal. Sin embargo, después de haber escrito un par de cosas sobre ellos, reparé en que ese hilo se podía estirar hasta convertirlo en formato de libro, hace dos o tres años. Y desde luego, con la libertad y la seguridad, según iba creciendo la obra, de que la idea o ideas que puedan transmitir no se encontraban anquilosadas en la literatura clásica, sino que se podían revivir en la actualidad, es decir, que son verdaderamente universales y atemporales, por lo tanto, que también hoy pueden comunicar algo a cualquiera.
¿Cómo definirías esta obra?
Si fuera una definición por género, poesía lírica, desde luego. Sin embargo, como a todo lo que escribo en este género, intento darle una estructura reconocible e incluso un hilo argumental, si se me permite. En cuanto al contenido, la referencia son los tópicos clásicos, pero mostrándolos como vivencias absolutamente actuales.
¿Quiénes son los personajes y cómo son?
Puesto que de poesía lírica hablamos, los personajes son fundamentalmente el yo poético basado en vivencias y experiencias personales, no siempre literales, del propio autor. En ellas, existen alusiones y referencias de otras personas, algunas, reales, y otras, más o menos imaginadas.
¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?
La idea esencial es que los tópicos clásicos son universales y atemporales, así que espero que los temas que aparezcan también lo sean. Muchas veces hemos dicho que la literatura, en realidad, sólo tiene tres temas: la vida, la muerte y el amor, como en el famoso poema de Miguel Hernández. Es verdad que tampoco son así de simples, o de amplios, sería mejor decir, pues siempre admiten matices y diversificaciones un poco menos generales. Ahí están planteadas las vivencias seguramente compartidas del amor como descubrimiento, la soledad angustiosa, la soledad fructífera y calmante, el deseo de aventura o de conocimiento, de éxito, el fracaso, el paso del tiempo…
¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?
Al final, compensatoria, como todo lo que se consigue terminar; sin embargo, también extraña, porque hasta muy avanzada no tuve perspectiva ni conciencia de que pudiera constituir una obra por sí sola.
¿Qué has aprendido escribiendo este libro?
Que nuestra tradición cultural, me refiero a la de la civilización occidental, no es despreciable ni está tan momificada como creo que se da a entender, no por todo el mundo evidentemente, en nuestra sociedad actual. Que aún está presente en toda su profundidad de ideas y en su estética y que merece la pena seguir transmitiéndola.
¿A qué público van dirigidas tus obras?
A un público amplio y heterogéneo, desde la adolescencia hasta los más mayores. Siempre he pensado que la poesía es un género recurrente; si conectas, puede ser a cualquier edad y admite lecturas sucesivas y distintas a lo largo de la vida. Es su gran ventaja. Por otro lado, si algo he aprendido como profesor, es que no se puede subestimar la capacidad de interpretación ni la sensibilidad de los más jóvenes. A pesar de lo que a veces decimos, son capaces de sorprendernos en numerosas ocasiones.
¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?
Bastante inconsciente, y diría que bastante natural. Muy deslumbrado al principio por los movimientos de vanguardia y algunos nombres muy sonoros de nuestra poesía contemporánea, mucho ruido que poco a poco fue encontrando otra vertiente mucho más silenciosa y más íntima, sin despreciar nada de lo más clásico ni de lo más moderno, pero a mi aire y a mi ritmo. El anonimato y la independencia contribuyen muchísimo a la libertad.
¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?
Pensar, en muchas ocasiones, que los tópicos de la literatura clásica no tenían ni eco ni voz hoy día. Ese difícil equilibrio entre una idea y otra que se inclinó finalmente a favor de ellos.
¿Te sirve algún método de escritura?
Durante la creación, la escritura a mano siempre, en un cuaderno y sin apenas tachar, voy reescribiendo y reescribiendo, redactando y volviendo a redactar hasta que escucho finalmente la forma y el contenido adecuados al ritmo que creo buscaba, tanto en verso libre como con métrica y rima.
¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?
El público lector es soberano y decidirá lo que crea oportuno. Termina la frase Caligrama...
es un camino de ida… Preguntas rápidas
EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO:
una novela, El corazón de la quimera, de Javier Iniesta Ayerra. UN LIBRO QUE QUIERAS LEER:
diré una de mis asignaturas pendientes: la novela realista decimonónica, sobre todo francesa y rusa. UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE TU OBRA:
Una alternancia entre el clasicismo romántico de Mozart, Joan M. Serrat, Chaikovski y la música celta. UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS:
Pedro Salinas, Jorge Luis Borges, Vicente Gallego. UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS:
Julia Prilutzky, Victoria Atencia, Carmen Jodra. UNA FRASE DEL LIBRO Silencio a dos voces:
Y así ofrezco mi nombre, abandonado al viento, /que lo recoja el aire o la lluvia o la nada, /esa creo mi esencia verdadera, no un cuento, /sino esta realidad anónima entregada.

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