Álvaro Sánchez OrtizLa balada de Ana Luna y Manzanita
22 de diciembre de 2022
¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?\r \r Empecé a escribir en las últimas hojas de mis cuadernos escolares desde que era un adolescente. Pero luego lo dejé por varios años, siguiendo las voces de las sirenas que me decían que aquello era solo una afición. Fue hasta después de un proceso emocional muy duro que me decidí a hacer de la literatura mi profesión.\r \r ¿Por qué escribes?\r \r Porque lo necesito para vivir. Alguna vez vi en un programa que, si un bailarín profesional no danza durante varios días, comienza a dolerle todo el cuerpo. Con la escritura me sucede algo similar, si dejo de escribir por varios días, me pongo de mal humor y ansioso. Creo, como Rilke, que si escribir no es una necesidad vital, es mejor no arrojar más palabras a un mundo que ya está saturado de mensajes.\r \r ¿Cómo surge el libro La balada de Ana Luna y Manzanita?\r \r Si hay un género dominado por los clichés, es el romance. Y la situación empeora en el caso del romance juvenil. Así que me propuse escribir una historia de amor que no cayera en los tópicos que se deshacen como terrones de puro erosionados. Además, ese momento vital en que un joven se abre al gran mundo siempre me ha parecido uno de los más importantes de la existencia, por lo que quería situar mi historia en él. Finalmente, quería tomar algunas cosas de mi acervo de experiencias en tantos años de docencia y plasmarlas narrativamente.\r \r ¿Cómo definirías esta obra?\r \r Me parece que la «frase gancho» que pide Caligrama define muy bien la novela: «La historia de una luna en eclipse y una manzana que canta». \r \r Cuando inicia la narración, Ana Luna viene de fracasar, en casi todos los sentidos, después de diez años fuera de México. Sin embargo, lejos de deprimirse o, peor, negar el desastre, gradualmente encuentra el valor para enfrentar su situación y cuestionar todo: su familia, su trabajo, a sí misma, como requisito para encontrar una genuina solución. \r \r Manzanita, por su parte, es un muchacho que se va haciendo consciente de su talento para la música, un don que le confiere el potencial para lograr mucho más que algunas bromas y excentricidades.\r \r ¿Quiénes son los personajes y cómo son?\r \r Los principales, evidentemente, son los que le dan título a la novela. Ana Luna es una mujer que viene del ámbito del privilegio, algo particularmente conflictivo en el momento actual de la historia de México, y ella se va haciendo consciente de esto. Su arco de personaje es el más interesante, creo yo, porque pasa de la máscara a la expresión de su verdadera esencia; y lo hace sin recurrir al cinismo, la ironía o cualquiera otra de esas posturas pretendidamente lúcidas, pero que albergan una cruel amargura. \r \r En cuanto a Manzanita, es un muchacho que, por un lado, carga una herida emocional muy fuerte, la cual ha procesado como ha podido, pues en México la psicoterapia es asunto de ricos; y, por otro, se topa con que ha recibido un talento, por lo que se tiene que plantear el uso que le va a dar: si va a ser una matraca ruidosa, un instrumento para su solipsismo, o si va a intentar algo más grande con él.\r \r Sería muy extenso comentar a los demás personajes en detalle. Solamente quisiera señalar que he tratado de que sean verosímiles y que funcionen narrativamente, de manera que no luzcan como simples añadidos.\r \r ¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?\r \r Creo que son tres: el amor, el talento y la educación. Concretamente, y como me entristece ver al amor reducido a un sentimiento o, peor, a nada más que la consecuencia de un coctel químico, he querido abogar por la idea de que el amor se piensa y de que se vive con todo el ser. En cuanto al talento, me interesa señalar que es algo que exige un largo cultivo y una fuerte disciplina. Finalmente, en lo que respecta a la educación, me parece que hemos perdido mucho al transformar las escuelas en grotescas guarderías para niñotes; y creo que otros modelos educativos, más comprometidos con la excelencia en el desarrollo humano, son posibles.\r \r ¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?\r \r Maravillosa y aterradora. Todo escritor genuino sueña con publicar su libro. En ese sentido, cada paso de la edición, de la mano de los expertos de Caligrama, ha culminado con un sentimiento de satisfacción y orgullo, pues el trabajo editorial ha sido notable. Por otra parte, dar a conocer un libro escrito con sinceridad y desde lo íntimo provoca una sensación de vulnerabilidad total. Y uno pasa de la expectativa más optimista a la angustia más lacerante. Aquello de «la agonía y el éxtasis» ofrece una descripción bastante certera.\r \r ¿Qué has aprendido escribiendo este libro?\r \r Que en una novela, aunque no sea autobiográfica, termina habiendo mucho de ti, sin que haya habido un esfuerzo deliberado. Ya en términos más prácticos, que no basta con unos protagonistas, sino que se requiere todo un elenco, y que el efecto total mejora si las tramas están entrelazadas y no solo superpuestas. Y que las mismas simetrías, contrastes y analogías que funcionan en la música sinfónica se pueden aplicar a la escritura narrativa.\r \r ¿A qué público van dirigidas tus obras?\r \r Me gusta pensar que cualquiera puede tomar mi libro: comprenderlo, disfrutarlo y llevarse algo de él para su vida. Abomino del hermetismo y de las minorías selectas, tal vez porque soy de un país en el que han sido los esfuerzos educativos masivos y no las cofradías de iluminados quienes más han beneficiado culturalmente a la nación. En el caso de La balada…, al ser una novela juvenil, evidentemente apunta de entrada a ese grupo de lectores. Pero no creo que la novela quede restringida a ellos. Al contrario, a veces me pregunto si no serán los adultos —padres, educadores— quienes hallarán mayor valor en sus páginas.\r \r ¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?\r \r Yo creo que, hasta ahora, ha habido tres etapas. La primera es de descubrimiento de la vocación; la segunda fue cuando la negué y pretendí dedicarme a otra cosa; y la tercera inicia cuando decidí asumir la escritura como un propósito existencial. \r \r Me he dado cuenta de que muchos otros escritores, me atrevería a decir que la mayoría, pasan por esa etapa de negación; después de todo, el de la escritura es un camino difícil. Pero creo que, si en verdad hay una vocación, lo mejor es que prevalezca, por encima de consideraciones de bienestar o solvencia.\r \r ¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?\r \r Hay toda un aura de reto supremo alrededor de escribir una novela. Es como escribir una sinfonía, para un compositor. En mi caso, como lo que yo más he trabajado es el cuento, el mayor reto fue «convivir» con los mismos personajes durante meses, conocerlos a fondo y escribir una historia que les fuera orgánica y que no pareciera la obra de un demiurgo caprichoso. En esas circunstancias, escribir el clímax de una historia en la que participas íntimamente y con unos personajes que han llegado a ser muy cercanos a ti es una experiencia muy fuerte emocionalmente. Y terminas agotado, pero contento.\r \r ¿Te sirve algún método de escritura?\r \r Yo creo que todos los métodos sirven, en la medida en que no se asuman con rigidez. Actualmente contamos con múltiples manuales de escritura creativa y textos teóricos sobre la literatura, varios de ellos muy buenos. Sería absurdo para un escritor no aprovechar ese acervo. Sin embargo, no se trata de convertirse en alguien que aplica fórmulas sin imaginación, un chambón, como decimos en México.\r A mí me funcionan cosas muy obvias para cualquier escritor: escribir a diario, leer mucho, estudiar otras áreas para nutrir la escritura.\r \r Si tuviera que dar un solo consejo a alguien que quiera escribir, le sugeriría siempre esmerarse y revisar lo escrito. Hay demasiados escritores que, por pereza o vanidad, no reescriben y se conforman con lo primero que sale.\r \r ¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?\r \r Lo primero, contar una buena historia. Que sea tan amena que lean cincuenta páginas de un tirón; que se emocionen con las vivencias de los personajes; que vean en su imaginación, con todo detalle, las escenas que yo escribí. Y que les guste tanto como para recomendarla a otros. Que el final les resulte satisfactorio y que piensen en los personajes como unos amigos entrañables.\r \r En otro sentido, me gustaría que se les quedara alguna frase, alguna idea. Siguiendo un buen consejo de escritura, le di a mis personajes opiniones fuertes. Y los temas —el amor, el talento, la educación— me parecen de los más importantes para cualquier persona, y de los más afectados por mitos y opiniones absurdas. Entonces, nada me gustaría más que propiciar una reflexión en el lector. No que se «salga» de la narración, porque eso es un crimen literario, pero sí que alguna idea se le quede «rebotando» en el cerebro y lo conduzca a ver esos temas de una manera enriquecida.\r \r Termina la frase. Caligrama es… La mejor opción en su ámbito, indiscutiblemente. Saben lo que hay que hacer en cada paso y están dispuestos a tomarlos contigo.\r \r Preguntas ráfaga\r \r EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO: Hora de junio, de Carlos Pellicer, un poeta mexicano. (Me gusta leer poesía, aunque no la escribo).\r \r UN LIBRO QUE QUIERAS LEER: Wonderworks, de Angus Fletcher, porque es una caracterización actual de la literatura.\r \r UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE TU OBRA: Siempre he leído el capítulo climático, el 58, con I Giorni, de Ludovico Einaudi, como banda sonora, en la interpretación de Jeroen Van Veen.\r \r UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS: De México, Juan José Arreola; y, de España, León Felipe.\r \r UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS: De las consagradas, Inés Arredondo; y, de las actuales, Elisa Díaz Castelo.\r \r UNA FRASE DEL LIBRO La balada de Ana Luna y Manzanita: «Mira, Manzanita, la vida es como el metro. Todos mereceríamos un buen lugar, pero hay cabrones que se agarran tres para ellos solos, y hasta te quieren vender lo que debería ser tuyo. Y si te quedas esperando a que todos estén de acuerdo en que te subas y te sientes, te vas a hacer viejo, y se te va a ir, y no vas a hacer el viaje que te tocaba».

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