José Luis Pujol ReinésEstirpe
19 de diciembre de 2023
¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?
Siempre he sido un apasionado de la lectura y supongo que por ahí empezó todo. Escribí mi primera novela con dieciocho años. Supongo que siempre llevé el gusanillo de la literatura en mi interior, pero, curiosamente, eclosionó ya en mi madurez.
¿Por qué escribes?
En mi caso lo siento como una necesidad. Cuando escribo me transformo, todos los conocimientos y recuerdos adquiridos durante mi vida entran en ebullición y aparecen en mis páginas. Intento tener un plan general preconcebido, pero los actores toman vida propia alterando mis planes y sorprendiéndome constantemente. Como decía Javier Marías: «escribo con brújula, pero sin plano». Yo también, pero, además, sobre un tablero en la que los protagonistas tienen autonomía propia. Es una aventura apasionante.
¿Cómo surge el libro Estirpe?
Surgió de una noticia real que leí en el periódico a finales del año 2019: una empresa de robótica había convocado un concurso para poner cara al robot que iban a comercializar (pagaban, por cierto, la friolera de 116.000 € al ganador).
Empecé a darle vueltas al tema, a pensar en la persona que ganaría el concurso, y en cómo cambiaría su vida, lo que le sucedería cuando la ciudad empezara a llenarse de androides con su mismo rostro, confundiéndose con él. Me pareció un tema muy sugerente para escribir una novela y, además, el argumento perfecto para una película.
¿Cómo definirías esta obra?
Ante todo, es una novela divertida y entretenida. Siempre digo que yo he venido al mundo de la literatura a pasármelo bien y, por ende, a que se lo pasen bien mis lectores leyendo mis obras. Es una novela repleta de giros argumentales, que juguetea con múltiples géneros: la comedia de enredos, la ciencia ficción, el thriller, la novela de amor-sexo, la venganza… sin casarse con ninguno de ellos. Sin duda, el humor es el combustible que ayuda al lector a llegar hasta el último final, pues -debo advertirlo- es una novela con múltiples finales.
¿Quiénes son los personajes y cómo son?
La novela se desarrolla principalmente el Londres (con alguna escena en Kenia y Tokio). El protagonista de la novela es Harry White, un contable londinense cuya vida cambiará al ganar el concurso convocado por la empresa Geomitron, para poner rostro al nuevo androide Wallace W1.0 que están a punto de comercializar (¡otro de los personajes!). A su lado siempre estará su amigo Peter Black, un abogado inmaduro, crápula y putero, pero profundamente religioso, que le acompañará en sus aventuras.
A estos dos personajes hay que añadir a la mujer de Harry, Judith Grey (como verás, es una novela en blanco y negro) y otros protagonistas secundarios: el Doctor James Carman (un otorrino mujeriego amante de los Ferraris), sir William Elliot (presidente de Geomitron), Howard Preston (propietario de la empresa auditora en la que trabaja el protagonista) y otros personajes femeninos que irrumpirán en la vida de Harry: Jennie (azafata de Geomitron), Karen Elliot (una consagrada escultora hija del señor Elliot), Emma Kroll (una becaria que trabaja en la misma empresa de Harry), ¡ah!, y no puedo olvidarme del malvado de la novela: René Belrose, un traficante de drogas de Brixton.
¡Es la primera novela en la que he tenido que realizar un dramatis personae de tantos personajes que hay!
¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?
Yo diría que la ambición y la venganza, aunque hay también un trasfondo de crítica social. La novela tiene un leitmotiv constante sobre la pérdida de identidad del protagonista, tras vender su rostro, aunque tampoco se trata de una novela con grandes mensajes, ni dobles lecturas para comerse el tarro. Para eso ya están los libros de filosofía, los ensayos y el trabajo ¡Ja, ja, ja!
¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?
Apasionante. A pesar de ser mi tercer libro publicado (Ya he publicado mi novela Ley de vida y el libro de relatos Land 17 y otras rondallas mallorquinas), esta es realmente mi primera «novela» en el sentido más «académico». Han sido más de dos años de trabajo y de revisiones. Es un libro en el que me he «desatado» por completo y en el que he explorado todas las posibilidades que ofrecía la historia, aunque ello me haya valido el ser repudiado por todas las editoriales a las que he llamado a sus puertas; porque el resultado es un libro, pienso, inclasificable en ningún género concreto.
Por mucho menos se suicidó John Kennedy Toole. ¡Ja, ja, ja!
¿Qué has aprendido escribiendo este libro?
He aprendido mucho. Son seiscientas veinte páginas con un estilo mucho más depurado que mis anteriores libros y con una estructura argumental -quiero pensar-, casi arquitectónica, y que no da respiro al lector.
¿A qué público van dirigidas tus obras?
En el informe de lectura que hicieron de mi novela en Caligrama hacían esa misma pregunta y, curiosamente, no supieron responderla por los motivos ya expuestos de que no puede incluirse en un género concreto.
En un informe independiente que encargué por mi cuenta, sí respondieron a esta pregunta y pienso que atinadamente: a un público maduro, de clase media-alta y -¡fundamental!- con sentido del humor.
¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?
Como decía Machado, «se hace camino al andar». Aplicado a la literatura, uno crece y evoluciona a base de escribir páginas y, con las seiscientas veinte de esta novela, creo que he crecido mucho. ¡Ja, ja, ja! De momento, noto más mi evolución a nivel estilístico. Cada vez mis borradores precisan menos correcciones. Cada vez soy más metódico en mi trabajo. Busco un estilo sencillo y conciso con puntuales destellos literarios y creo que esta novela me posiciona claramente en esta senda: en un estilo propio y reconocible, que, al final, es lo que busco y pretendo.
¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?
Lo primero, compaginar el trabajo titánico que ha supuesto escribir esta novela, con mi trabajo profesional como arquitecto, con mi vida familiar y con mi afición por el piano. Entrando en la propia novela, sin duda, lo más complicado ha sido manejar la ingente cantidad de personajes, darles cabida a todos ellos, no olvidarme de ninguno a lo largo de las seiscientas veinte páginas del libro. Y, por supuesto, tratar de que la obra no decayera a lo largo de todo su metraje y, si lo hacía en algún remanso de calma, que volviera a levantarse.
¿Te sirve algún método de escritura?
Me sirvo más bien de métodos de lectura, quiero decir, que prefiero ir a beber de leer los clásicos y a otros autores contemporáneos que me interesan. Pero también aprendo de la música y de la arquitectura, aplicando conceptos de estas materias a mis novelas. Rehúyo de los cursos de escritura, pues creo que, en mi caso, cercenarían mi creatividad.
¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?
Que se diviertan y pasen un buen rato, la vida ya tiene demasiados sinsabores. Me conformo con que les queden grabadas algunas secuencias en su memoria. Al final, es lo que te queda de un libro -a mí, al menos-, incluso de las grandes obras literarias: a Jose Arcadio Buendía atado a un castaño (Cien años de soledad de García Márquez), a Cipriano Algor enterrando sus figurillas de barro (La caverna de Saramago), un sótano oscuro como una despensa repleta de gente (La carretera de Cormac McCarthy) …
Termina la frase. Caligrama es…
oportunidad.
Preguntas rápidas
EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO:
Agujeros negros de Carlos Jover.
UN LIBRO QUE QUIERAS LEER
: En realidad releer: El quinto en discordia de Robertson Davies.
UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE TU OBRA:
La BSO de Estirpe es, sin duda, los tambores masái, la música del gagaku y, por supuesto, Elvis Presley.
UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS:
Gabriel García Márquez, de entre los «clásicos». Michel Houellebecq, de los contemporáneos, aunque me ha decepcionado su última novela Aniquilación.
UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS:
Marguerite Duras y Patricia Highsmith.
UNA FRASE DEL LIBRO
Una de las pocas descripciones del libro (de los paisajes de Kenia):
«Sobre el plano cartesiano de los pastos rodesios, se coloreaba una bóveda celeste nueva y desconocida, un cielo de un azul intenso y luminoso, veteado por estériles nubes de calima: la antesala diurna a un universo, que cada noche nos mostraba los secretos más íntimos de una vía láctea, en la que ya no cabía ni una sola estrella».
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