Carlos Daniel Rubio CruzDel laberinto
25 de julio de 2024
¿Cuándo emprendiste la aventura literaria?
Fui durante años profesor de Lengua Española y acabé, traidor, vendiendo mi pluma a la creación publicitaria. Y han sido muchos los años de escribir historias que se cuentan y visualizan en treinta segundos. Paralelamente escribía cuadernos de poemas y relatos, pero no ha sido hasta hace unos quince años que empecé a publicar.
¿Por qué escribes?
Para trascender. En mayor o menor medida, creo que ésta es la motivación de todo escritor. Tengo setenta largos años. Mientras sea leído aunque sólo sea por mis hijos, nietos y amigos, éstos por deferencia, aquellos por casi obligación, estaré vivo.
¿Cómo surge el libro Del laberinto?
Comparto con los personajes principales del libro, Alfredo Moreno y Camila Vilanova, la condición de paciente de cáncer. Quizás como un ejercicio de catarsis o de resiliencia.
¿Cómo definirías esta obra?
La definiría, con alguna reserva, como novela psicológica con algunas pinceladas de romance otoñal.
¿Quiénes son los personajes y cómo son?
Hace unas semanas escuché en una entrevista por televisión a Eduardo Mendoza decir que aunque una obra no sea autobiográfica, siempre el autor está dentro de ella. Intencionalmente los personajes, Alfresco, Camila, Juanca y Carlota discurren por escenarios y profesiones que yo mismo he recorrido y ejercido en un entorno, llamémosle con reparos, burgués. No hubiera podido ni sabido ubicar esta historia en escenarios y con personajes melodramáticos porque mi intención no es compungir, sino afrontar. Incluso el relato paralelo de un hecho delictivo es una respuesta a la impotencia, a la incertidumbre de su mañana.
¿Qué temas tratas en el trasfondo de la obra?
El valor de las personas que conviven con una enfermedad letal, sean pacientes, familia, equipos de salud, cuidadores, etc., y, sobre todo, cómo afrontan esa incertidumbre mencionada más arriba. Es la palabra más dolorosa de estas enfermedades. Los dolores físicos se palían, pero la incertidumbre es un dolor íntimo, difícil de superar porque te recuerda la imposibilidad de tener alguna certeza en la que apoyarte cada mañana.
¿Cómo ha sido esta experiencia literaria?
En este caso, la experiencia, que he estado por momentos a punto de abandonar por razones entendibles, ha sido profundamente liberadora. Miro mi propio final sosegado, incluso añadiría, agradecido.
¿Qué has aprendido escribiendo este libro?
Más allá de lo literario, he aprendido que ante la incertidumbre, vuelve la palabrita, se pueden proponer y cumplir metas a corto y mediano plazo. Aquí no basta con soñar. Es decir, que amenazo con un libro por año hasta que esto dure.
¿A qué público van dirigidas tus obras?
A un público adulto, ellos y ellas. No necesariamente inmerso en las situaciones que Del laberinto presenta. Ya sería un porcentaje muy elevado el de personas que de una manera u otra conviven con enfermedades letales, pero incluiría a todo el universo de adultos por eso de no saber qué nos deparará la vida.
¿Cómo crees que ha sido tu evolución como escritor?
La evolución, creo, la van conformando los años. Las primeras obras de juventud son ñoñas, con mucha influencia de los autores que se leen a esas edades. Posteriormente, las obras de adulto son estudiadamente reivindicativas. Y las de la madurez son más pensadas, corregidas y ofrecidas como un real trabajo.
¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de llevar a cabo este trabajo?
«Textualmente», terminarlo. El primer final que escribí era previsible y quizás de una dureza innecesaria. La editorial me convenció de dejar una ventana abierta. Así lo hice.
¿Te sirve algún método de escritura?
Escribiendo soy muy anárquico. Voy tomando notas en cualquier soporte y lugar sobre la idea general que ya tengo en la cabeza, un vicio de publicista. Cada cierto tiempo, y sin prisas, voy juntando como en un rompecabezas las fichas. Nunca sé el final hasta que no llego a él y con frecuencia lo cambio. Me gusta narrar en primera persona aunque en el caso de Del laberinto sea un narrador externo.
¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?
Comprensión. Que comprenda y asuma que cualquiera que sea el camino o determinación que día a día tome el enfermo terminal, incluida su partida, es una decisión que sólo le toca a él tomar. Serán sus circunstancias quienes le impulsan a su determinación. La frase de Ortega debería enunciarse simplemente «Yo soy mis circunstancias». Nada de libre albedrío, las opciones están ya determinadas.
Termina la frase. Caligrama es…
una valiosísima herramienta emocional que te permite alcanzar, con la consiguiente satisfacción, deseos de publicar albergados quizás durante mucho tiempo, y una valiosísima herramienta operativa porque pone al alcance del escritor un equipo técnico entregado y súper eficiente.
Preguntas rápidas
EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO:
El niño de Fernando Aramburu
UN LIBRO QUE QUIERAS LEER:
Un año y tres meses y Almudena de Luis García Montero para, en mi caso, cerrar una historia de culto
UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE TU OBRA:
Va pensiero, quizás una adaptación moderna, del Coro de esclavos de Nabucco de Verdi
UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS:
Es más una generación de autores. Para mí, tanto montan, montan tanto, Ildefonso Falcones, Carlos Ruiz Zafón, Fernando Aramburu, Arturo Pérez-Reverte, Antonio Muñoz Molina, Julián Marías, Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán…
UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS:
Igual que con los autores, es más su generación: Almudena Grandes, Rosa Montero, Elvira Lindo, Julia Álvarez, Isabel Allende, Marcela Serrano…
UNA FRASE DEL LIBRO Del laberinto:
«Añade esa sensación de vacío total como la profunda hondura que deja la explosión de un obús en un terreno yermo».

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