ENTREVISTA A SANTOS PÉREZ

1.Eres filósofo y pedagogo. ¿Cuándo te embarcaste en la aventura literaria?

Coinciden, ya desde mi adolescencia, mi interés por la literatura, el teatro y la filosofía. Y a lo largo de mi vida, hasta la actualidad, se han ido manifestando según circunstancias.

En mi adolescencia me impactó mucho la obra El Extranjero, de Albert Camus, y me sedujo el teatro y la poesía de Lorca. Para mis hijos, aún muy pequeños, y sus amigos, escribía pequeñas obritas de teatro que después representaban en fiestas familiares.

Coincidí con los filósofos existencialistas en que si «la existencia precede a la esencia», la filosofía debe seguir el rastro individual antes que el concepto general.  Y por eso mucha de la filosofía de estos autores se centra en sus personajes de «carne y hueso».

Durante mis casi 30 años de docencia con adolescentes, en varias ocasiones he intentado llevar a cabo pequeños intentos de teatralizar: problemas, sentimientos, situaciones sociales… Cuando me jubilé de la enseñanza, busqué una sistematización para leer y para escribir literatura creativa.  

2.¿Cómo surge Del candil a la inteligencia artificial

De los avances espectaculares en las aplicaciones de las nuevas tecnologías y una necesidad de contarlo, de dar una salida catártica a este impacto. Por ejemplo, las ortopedias biónicas parecían el cumplimiento milagroso: «Los cojos andan, los sordos oyen, los ciegos ven», solo que ahora el milagro no lo producía Jesús de Nazaret, sino los ingenieros en computación de Silicon Valley. Pero no menos espectaculares son los coches sin conductor, las operaciones quirúrgicas a distancia… La utilización de drones para el seguimiento de la evolución de un volcán puede también con el mismo sistema operativo, cambiando algunos sensores, convertirse en una inteligente máquina de matar.

El móvil, ha seguido una evolución tal que, solo la fascinación obnubilante que produce en nosotros la técnica, nos ha impedido ver sus consecuencias. La gente habla menos entre sí, los bulos crecen sin parar, hay más miedo a la espontaneidad, los padres y los hijos, en lugar de hablar entre sí en la mesa durante la comida, cada cual atiende a su móvil… Una imagen en el metro de cualquier ciudad, todas las personas abducidas por las pantallitas, tiene poco que ver con la de tan solo hace 15 años.

3.En la obra abordas el impacto de las tecnologías y las redes sociales en nuestra sociedad actual. ¿Cómo están modificando las redes sociales la conducta humana?

Mark Zuckerberg ha declarado en ocasiones que aspira a crear verdaderas comunidades humanas a través de Facebook. Pero nos enteramos de que ha prestado los datos de 87 millones de usuarios sin su consentimiento a Cambridge Analytica. Tras el escándalo, prometió cambiar las cosas. Y, en efecto, han cambiado… a peor: hace pocos días, Frances Haugen, exempleada de Facebook, ha denunciado ante el Parlamento Europeo a su antigua compañía por anteponer sus beneficios económicos a la seguridad de los usuarios.

Y si a pesar de todo esto siguen creciendo los usuarios en la plataforma, esto solo se explica como una gran modificación de conducta sin apercibimiento, por el usuario, del trasvase que se está produciendo en el medio en el que se comunican las personas. Pues una comunidad digital no es una auténtica comunidad humana. 

En el libro trato de explicar cómo funciona la adicción en las redes sociales: cómo se explota la ansiedad del usuario, cómo los algoritmos lo organizan en grupos de interés, de preocupación o de objeto de consumo. Y, finalmente, cómo se produce la modificación de conducta por el arte de la seducción, que pueden ir moldeándola al gusto de los controladores del sistema, haciéndonos creer que es el nuestro.

4.¿Piensas que habría que controlar los contenidos de las redes sociales? 

Por supuesto. En principio y al menos como mal menor, tratando de evitar la violencia hacia el exterior y la violencia hacia el propio interior de las personas que, en forma de ansiedad y depresión, va cargando el estado de ánimo individual.

El mundo adolescente es carne de cañón por la elevada sensibilidad a la aceptación social de su persona, lo que le lleva a permanecer horas y horas pegado a las pantallitas. ¿Y nos extraña que de manera alarmante estén creciendo en estas edades los suicidios? Pero, como recojo en el libro, las regulaciones, leyes y denuncias contra las plataformas digitales son necesarias pero no suficientes, mientras no cambie el modelo de negocio fundamentado en la adicción del usuario. Más si se quiere de verdad solucionar el problema, habría que ser más ambiciosos. 

Estoy de acuerdo con Jaron Lanier cuando dice en su obra Diez razones para borrar tus redes de inmediato, que las cosas no cambiarán mientras no se modifique en las grandes plataformas el plan de negocio que genera incentivos perversos y corrompe a las personas.

5.¿Quién debería ejercer ese control?

Difícil pregunta. Parecería, en principio, que no ofrece dificultad, pues todos los países tienen instituciones adecuadas con competencias especializadas para ejercerlo. Pero, como en tantas ocasiones sucede, esta respuesta es solo la cara amable y correcta con la que nos presentan las cosas los ministros de turno. Somos una sociedad demasiado cínica: no nos convencen, pero seguimos aceptándolo.

¿Cómo se explica que las grandes plataformas paguen menos impuestos que las pequeñas y medianas empresas sin «un mirar para otro lado» de tanta gente? En todo caso, me parece claro que las cosas no se solucionarán hasta que no exista una institución internacional con todo tipo de competencias para poder ejercer dicho control. Pero esto, claro está, iría para largo, en el mejor de los casos. Y, de cualquier modo, es clave la educación: la niñez y la adolescencia tienen una sensibilidad tan tierna que debemos cuidarla. Y padres, profesores, instituciones, medios de comunicación, políticas educativas… hoy, en esta sociedad digital en la que nunca han sonado de forma tan parecida la verdad y la mentira, tenemos más responsabilidad que nunca. 

5.¿Eres optimista o  pesimista ante los usos futuros de la inteligencia artificial?

Soy pesimista. Y en este caso es un pesimismo desde el desasosiego.

Si estuviéramos ante un inmenso y terrible problema como el de la isla de La Palma, o cualquier otro desastre natural, nos daría un pesimismo diferente en el sentido de que por su inevitabilidad cabría recurrir a la sabiduría de la filosofía estoica, tratando de encontrar serenidad espiritual. Pero el desasosiego produce irritación, no serenidad. Porque produce a la vez esperanza y desesperanza. Lo primero porque no es inevitable como un volcán y lo segundo porque siempre nos quedamos cortos cuando calculamos hasta qué punto pueden llegar la prepotencia y la estupidez humana.

Como trato de explicar en el capítulo del libro Convergencias versus diferencias, la IA podrá ser buena para quienes puedan pagarla, pero si observamos la trayectoria que lleva la redistribución económica y el control que sobre la IA tienen las grandes plataformas, las grandes farmacéuticas, las grandes empresas energéticas, pues cada vez va quedando menos margen para el optimismo en esta cuestión. 

6.En el libro hablas de la «generación del candil». ¿Cómo la defines?

Como supervivientes de una guerra y/o posguerra que, poco después del anochecer, como había poca luz en la calle y en las casas, se iban a la cama con el candil en la mano, realidad cotidiana y metáfora de un régimen represor de las luces necesarias para el desarrollo intelectual de unas niñas y unos niños que con ansia de conocimiento garabateaba en papel de estraza (ni siquiera habían aparecido aún los cuadernos Rubio), sus primeras letras. Y considero que esta experiencia vital de mi generación puede aportar un punto de vista interesante para atisbar el futuro de la inteligencia artificial, pues tiene una mayor perspectiva, no tanto por los años como por la experiencia de una posguerra.

Acostumbrados a tratar de superar los problema con esfuerzo, se nos hizo extraña la entrada en la sociedad de consumo. Pero la entrada tan vertiginosa en la sociedad digital ha ido mucho más allá. Hemos ido de la tenue luz del candil que nos dejaba ver muy poco, a esta luz digital que alumbra tanto que deslumbra. 

7.¿Qué otros temas desarrollas en el libro?

Cómo surge la informática, la robótica e internet y cómo éste último ha ido modificando  sus proclamas de presentación como paladín de extensión de la democracia, hacia la gran vigilancia que hoy ejerce, como analizo en el capítulo Transparencia versus opacidad. Básicamente, los ciudadanos cada vez resultamos más transparentes a la vigilancia de unos algoritmos cada vez más opacos.

Por lo que se refiere a la robótica, entro en dos importantes discusiones. La primera es que muchas personas piensan que las nuevas tecnologías siempre traen nuevos puestos de trabajo, aunque al principio se pierdan. Soy de los que están de acuerdo con Martín Ford en que esta vez va a ser diferente. La inteligencia artificial, cada vez más eficiente, no se conforma con desplazar a los obreros de tareas mecánicas, van encaminadas a desplazar también a los trabajadores «de cuello blanco».

Y no menos importante es la del empleo de armas no ya automáticas, sino autónomas, es decir: portan un algoritmo capaz de reconocer patrones de comportamiento y reprogramarse ellas mismas en función de las modificaciones de los objetivos.

Otro importante tema que aborda el libro es el de la creciente confluencia entre la infotecnología y la biotecnología, sobre todo desde la aparición de la nanotecnología. 

 8.¿Qué te gustaría conseguir en el público lector?

En su obra Vida 3.0, Max Tegmark nos pide «entrar en la conversación más importante de nuestro tiempo: pues la tecnología confiere a la vida prosperar como nunca o autodestruirnos». Yo, no siendo científico, solo un ciudadano de a pie informado, pediría lo mismo al público lector: que entren en la conversación; les pediría que compartan conmigo esta patata caliente, que es la radical ambivalencia a la que nos lleva la inteligencia artificial. 

Durante millones de años, nuestra naturaleza humana ha sido diseñada por las leyes de la evolución natural. Por primera vez en la historia de la tierra, y sin pasar por el visto bueno de ningún parlamento democrático, la prepotencia de unos pocos y la estupidez de muchos nos está llevando a dar el salto, nada menos que: ¡hacia una especie humana digital de autodiseño! Así es que me gustaría que el público lector parafraseara aquella máxima de que «la guerra es muy importante como para dejarla solo en manos de los militares», de este nuevo modo: la inteligencia artificial es muy importante como para dejarla solo en manos de los multimillonarios. Y me gustaría también que el público lector entre en la conversación.

9.¿Sigues algún método de escritura?

Soy ecléctico. Me gusta saltar de una disciplina a otra a partir de una determinada preocupación. Por ejemplo, en esta obra se ve que voy de la ciencia a la ciencia ficción y de ahí a la literatura, luego a la filosofía…

10.¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de escribir este libro?

El tratar de ordenar esta multiplicidad de temas tan novedosos en su lenguaje y en los usos de las nuevas tecnologías digitales, de modo tal que no resultaran demasiado difíciles de entender por el lector al que va dirigido, mas, por otro lado, quería que al mismo tiempo mantuvieran el nivel técnico suficiente para llegar a una mínima comprensión de los problemas que se nos vienen encima querámoslo o no, y, desde ahí, poder realizar las reflexiones pertinentes.

11.¿Cómo definirías tu estilo literario?

Perspectivismo. Ya sé que encaja mejor en la filosofía que en la literatura. Pero hace más de 15 años que asisto a un taller de Escritura Creativa que dirige Josu Montero en Deusto (Vizcaya) por un principal motivo: no solo tiene un gran conocimiento de autores de literatura de todas las épocas, es que además en el taller estudiamos la perspectiva desde la que ve las cosas cada autor, cada obra, cada personaje; cómo la narración en primera persona llega de un modo diferente a como llega el narrador omnipresente, o el del estilo indirecto libre…

En todo caso, cualquier estilo literario debe enfrentarse hoy al empobrecimiento del  lenguaje en las redes sociales. Es necesaria la lucha poética por encontrar la palabra que pueda expresar continuamente la vida humana tan velozmente cambiante, antes de que el lenguaje humano sea completamente fagocitado por el lenguaje-máquina. 

12.Termina la frase: Caligrama es… 

Una buena oportunidad para facilitar las cosas a escritores que empiezan, incluso a personas que quizás no se hubieran planteado nunca publicar un libro. Resulta estimulante el proceso que empieza con una consulta a la editorial y finaliza sabiendo que tu libro está en el catálogo de venta de más de 2.000 librerías.

 

Preguntas ráfaga

EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO: El entusiasmo, de Remedios Zafra.

UN LIBRO QUE QUIERAS LEER: NO-COSAS, de Biung-Chull Han.

UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE ESTA OBRA: La banda sonora de Blade runner, de Vangelis.

UNO DE TUS AUTORES PREFERIDOS: Zygmunt Bauman en Modernidad líquida.

UNA DE TUS AUTORAS PREFERIDAS: Irene Vallejo en El infinito en un junco.

UNA FRASE DEL LIBRO DEL CANDIL A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: «Podemos ser crueles o indignos, pero a través de nuestra conciencia sabemos que lo somos. Pero si los algoritmos acceden a representar nuestra conciencia, y éste es el intento de la IAG (inteligencia artificial general), entonces difícilmente podremos saber ya quiénes somos. Se habrá producido no ya solo la alienación, sino la alienación de la alienación, es decir, no ya solo el desvío de nuestros intereses hacia fines e intereses ajenos a nuestras propias personas, sino el desconocimiento de que tal desvío se esté produciendo» (p. 353).

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