ENTREVISTA A MACARENA DOMAICA GOÑI

1.¿Cuándo y por qué comenzaste a escribir?

He escrito siempre. Recuerdo un cuaderno con una estampa marina en la cubierta, donde escribía cuentos; no tendría más de ocho años. He escrito muchos diarios, de aquellos de llavecita, y después cuadernos grandes, muchos cuadernos grandes a lo largo de mi vida. De adolescente empecé a escribir canciones también. Siempre he tenido necesidad de contar, lo he sentido como un cauce para experimentar mi libertad: por escrito puedo decir lo que quiera y, además, siento que es la mejor herramienta que tengo para la vida.

2.¿Cómo surge Mzungu. Mujer blanca extranjera?

Mzungu es un asunto pendiente que resolvió un atropello que sufrí en octubre de 2018. En los años previos al accidente, tuve la oportunidad de enriquecerme con conocimientos y experiencias que solamente te ofrece el activismo. Todo lo que aprendí en esos años enriqueció mi discurso y me situó en un lugar desde el que poder dar forma de relato a un montón de vivencias y emociones (propias y ajenas) que tenía enmarañadas en un lugar a medio camino entre la cabeza y la boca del estómago: en el corazón. Mzungu. Mujer blanca extranjera es mucho de lo que yo quería contar hacía tiempo. Cuando caí al suelo, después de que aquel coche me llevara por delante, supe que había llegado el momento: al fin podría escribir mi novela. Y así fue.

3.¿Cuál es el argumento de la obra?

Teresa encuentra muerta a su amiga Eva una mañana y, a través de unos cuadernos y unas cartas que había dejado escritos, descubre que ella planeaba quitarse la vida. Esas mismas páginas le hablan de una relación de maltrato que Eva habría sufrido hacía muchos años por parte de su hermano José. 

Mzungu se propone situar al lector o lectora frente el drama de la violencia machista y posicionarlo a través de los comportamientos de los distintos personajes. Esta novela es, sobre todo, un relato sobre la vulnerabilidad y las dificultades personales para hacer frente a situaciones de desamparo, abuso y desigualdad. 

4.La novela transcurre en Madrid y Kenia y cuenta con tres voces protagonistas. ¿Cómo son los personajes y qué visión muestras de los escenarios? 

Eva es una mujer atrapada en emociones tan invasivas como el dolor, el miedo y la inseguridad. Sufrió maltrato en el pasado y esa experiencia ha marcado su vida y la manera de relacionarse con otras personas y con el mundo. En un momento dado, decide quitarse la vida; pero muere antes de poder hacerlo por sí misma.

Teresa es una amiga con mayúsculas que debe encarar la muerte repentina de Eva y gestionar la impotencia de no haber sabido a tiempo todo lo que le ocurría. Se enfrenta, además, al conflicto de no poder ni querer perdonar a su hermano por haber maltratado a Eva en su juventud.

Patricia es la mujer fuerte que, sin saber lo que ocurre a su alrededor, debe hacer frente a una situación que nunca creyó que viviría. Convive con la fragilidad sobrevenida, el miedo y la certeza de que pasan cosas y todos callan.

Madrid es el escenario que he elegido para mostrar lo cotidiano, lo que nos resulta conocido en primera o tercera persona. Kenia, Kaikor en particular, es un lugar donde el contraste necesariamente hace que te cuestiones lo relativo que es lo que sientes y lo que te pasa. África es el lugar donde la existencia es un reto muy, muy difícil: dolor, desigualdad, violencia, soledad… son palabras que adquieren un significado imponente allí. Sin ánimo de banalizar lo que en el llamado primer mundo nos hace sufrir, me parecía importante asomar al lector o lectora a esa ventana que no nos atrevemos a abrir del todo: esa desde la que se ve que la esperanza no puede ser otra cosa que la vida misma defendiéndose, como escribió Julio Cortázar.

5.¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de construir la trama?

Mantener la tensión del enredo cuando el escenario se desdobla. Mientras Teresa está en África cumpliendo el sueño de Eva, en Madrid están pasando muchas cosas.

6.¿Qué temas pueblan el trasfondo de la obra?

El difícil ejercicio de la libertad para las mujeres. La soledad y ese amor mal entendido que nos lleva a ocultar a las personas que más nos quieren lo que nos hace sufrir, creyendo que así las protegemos. La incomunicación, la violencia machista, la desigualdad entre hombres y mujeres, entre el Norte y el Sur, y la familia como espacio de conflicto, en colisión con la construcción social idealizada de lugar seguro.

7.¿Qué hace de esta una novela única?

Que desde mucho antes de haber sido escrita ya estaba siendo contada por muchas mujeres desde muchas partes del mundo. En esta novela es todo verdad: verdades como puños rescatadas de conversaciones, de confesiones delante de un café, de ejercicios de sororidad catártica durante un paseo o en lo que duraba el abrazo largo de una amiga en aquellos tiempos del roce que parecen tan lejanos. Esta novela recoge y trata con cuidado esas historias que una mujer cree que no vivirá hasta que se la llevan por delante las circunstancias. Mi novela es también el lugar a donde llegan esas crónicas -auténticas también- desde África, que nos zarandean el corazoncito por un rato. En Mzungu. Mujer blanca extranjera todo es verdad.

8.¿Qué te gustaría conseguir en el lector?

Que, desde de esos lugares a donde le lleva la narración, sea capaz de identificar situaciones de dolor que se están produciendo a su alrededor o a personas que sufren soledad, injusticias o abuso, y se plantee qué parte de responsabilidad le toca y qué puede hacer. 

9.¿Qué temas de la obra podrían estar ligados a la actualidad?

La violencia machista, el feminismo, la pobreza extrema en la que viven muchas personas y la vulneración sistemática de los derechos humanos en tantos lugares del mundo.

10.¿Cómo recomendarías tu libro a alguien?

Mzungu es un libro que yo querría leer. Trata temas que nos atañen -a mujeres y a hombres- y lo hace de una manera en la que resulta fácil sentirse tocado o comprometido. Hay lugares por los que hemos pasado mil veces sin detenernos. Mi libro es una invitación a quedarse un rato y a sacar conclusiones en el camino de vuelta. En mi libro se oyen voces que hay que escuchar. Creo, además, que es una novela que te atrapa desde el principio.

11.¿Qué aspectos de la trama y del estilo narrativo crees que podrían enganchar al lector?

Los cuadernos de Eva, en la primera parte del libro, son un material muy íntimo del personaje y despierta interés desde el principio: saber qué le pasó, por qué se sentía tan mal y por qué quería morir. La segunda parte es muy dinámica: todo se enreda; los personajes se relacionan voluntaria o involuntariamente y la expectación va in crescendo. La tercera parte es la que transcurre en África y tiene el interés añadido de las crónicas desde uno de los lugares más pobres de la tierra. 

La novela tiene un estilo directo y se lee con facilidad.

12.¿Suele servirte algún método de trabajo, sigues algún horario o escribes cuando sientes la necesidad?

Soy muy metódica. Hago biografías de los personajes para conocerlos bien antes de ponerlos a funcionar y dispongo cómo se conectarán unos con otros en el relato. Me gusta preparar bien la cronología de los hechos, estructurar las tramas y cómo se relacionan entre ellas. Releo cada pocas páginas, para asegurarme de que no hay contradicciones. Cuando tengo un proyecto intento hacer una rutina de escritura. Por lo demás, escribo siempre que me lo pide el cuerpo; en mi blog o en la aplicación de notas del teléfono.

13.¿Qué aspectos de tu vida te han podido marcar como escritora?

Desde chavalita he tenido mi público (ríe)… Escribí muchas tonterías en los años de colegio, para hacer reír a mis compañeras. Gané varios concursos literarios antes de escribir una novela corta que presenté a un concurso cuando tenía veinte años. Este hecho me puso en contacto con un religioso marianista, responsable de la Editorial SM en Irlanda, que quiso transmitirme los valores que había visto en mi texto a través de una carta. Con Emilio Ortega mantuve una bonita relación epistolar durante mucho tiempo. Es la persona que siempre creyó en mí como escritora. Unos años después escribí mi primera novela larga. Junto a un buen puñado de buenas críticas, llegó una demoledora que me llenó de inseguridad y de miedo escénico; pasé varios años sin redactar una frase, sintiendo que si no volvía a escribir me moriría de pena. Pero volví a escribir. Me hice un blog y me curé 😉

14.¿Alguna anécdota a resaltar relacionada con el proceso creativo de Mzungu. Mujer blanca extranjera?

Sí. Hay una escena que se escribió sola (ríe)… Como he contado al inicio de la entrevista, escribí Mzungu durante mi convalecencia tras un atropello. Esto me permitió una rutina de escritura muy comprometida. Pasaba las mañanas sola, sin ninguna distracción, entregada al teclado y a mis notas. Hay una escena de la segunda parte que yo no había previsto escribir así, como finalmente ha quedado. Arranqué con la imagen que tenía indicada en mi plan de trabajo y, en un momento, la situación se me descontroló. Los personajes empezaron a funcionar por su cuenta y yo me dejé llevar en un nervioso baile por las teclas que no tenía muy claro a dónde me iba a llevar. Cuando terminé de escribir la escena, fue como si el tiempo se hubiera detenido; miré por la ventana intentando discernir si era por la mañana o por la tarde, y tuve que mirar el reloj para salir de dudas. Creo que es la mejor escena de la novela. 

Preguntas ráfaga

EL ÚLTIMO LIBRO QUE TE HA GUSTADO: ¿Qué vas a hacer con el resto de tu vida?, de Laura Ferrero.

UN LIBRO QUE QUIERAS LEER: Canto yo y la montaña baila, de Irene Solà.

UNA CANCIÓN O PIEZA MUSICAL COMO BANDA SONORA DE TU OBRA: Ni una más ni una menos, Mamma Soul.

UN AUTOR PREFERIDO: Joël Dicker.

UNA AUTORA PREFERIDA: Alaitz Leceaga.

UNA FRASE DE TU LIBRO MZUNGU. MUJER BLANCA EXTRANJERA: «Para ser y sentirte libre es imprescindible que nadie te lo impida».

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