ENTREVISTA A CARLOS SUACES SAAVEDRA

1. ¿Qué temas trata tu libro El niño de Lenin?

De un espacio y un tiempo. Es decir, de la España de hoy y de los cambios que ha registrado en su última época, que son tantos y tan profundos que hasta amagan con transformar para siempre ese espacio físico llamado España. También trata de cómo un individuo de raíces convencionales afronta esos cambios.

2. Háblanos un poco de los personajes.

En el centro del relato está Julio Robles, un hombre de buena posición, cultivado y resignado a vivir su ocaso vital, que experimenta la paradoja de que la ilusión de morir por España, tal como ha planeado, le hace recuperar el amor por la vida. Junto al protagonista se mueven algunos amigos de su infancia y su juventud. Y también su hijo único, gay casado con otro hombre, que no puede perdonar que su padre le tratara con terrible dureza cuando descubrió su condición sexual. También tienen una presencia importante en el relato algunos dirigentes de un grupo político cuyo líder Julio pretende matar.

3. ¿Qué has querido transmitir con tu libro?

Tratando de divertir, intrigar y hasta emocionar, he pretendido hacer que el lector observe la sociedad en la que vivimos y medite sobre ella. Desde la fe religiosa, tradicionalmente tan fuerte y hoy tan declinante, hasta la no menos declinante identificación con la patria, pasando por los profundos cambios en las más variadas actitudes sociales y personales; y la corrupción, ese tópico que no es monopolio de los políticos.

4. ¿Qué quieres lograr en el lector que se adentre en esta obra?

Asombro, diversión, tensión, reflexión. Y si no suena muy pretencioso, que se sienta después de leerla más experimentado y mejor.

5. ¿Qué ha sido lo más complicado a lo que te has tenido que enfrentar al escribir esta novela?

Escribirla fue estimulante porque el torrente de ideas y ocurrencias parecía fluir sin cesar. Pero dar luego a todo ese flujo una forma coherente que permitiera al lector navegar por el relato con comodidad, eso me ha resultado más laborioso. A lo largo de la escritura he tenido que luchar constantemente contra el impulso de la autocensura y, a veces, someterme a él o al menos buscarle las vueltas. La llamada corrección política es un pesado dogal ceñido al cuello del escritor de este siglo; por cierto, muchos que posturean de provocadores son sus fieles más obsequiosos.

6. El protagonista se acerca a su víctima a través de Twitter. ¿Es este hecho una forma de exponer los peligros de las redes sociales?

Pues sí, aunque no buscada la intención, sino surgida como un efecto colateral del relato. Twitter ha abierto un foro de debate político y social a millones de seres humanos que estaban casi mudos y cuya voz, ahora, se hace sentir mucho más, y eso está bien. Sin embargo, resulta un medio muy tóxico, al permitir el anonimato de los tuiteros, lo que da bula a los sembradores de odios y falsas noticias y a los sectarios que manipulan Twitter con una finalidad estratégica. Además, ese anonimato erosiona el pudor que la mayoría de las personas sienten al hablar ante los extraños, alentando así la expresión más abyecta por parte de los vocacionales del rebuzno.

7. ¿Son los convencionalismos un freno para el avance social?

Convencionalismo viene de convención o acuerdo, y los convencionalismos son consensos sociales que se establecen para regular la vida en común, y que van desde el respeto a la Constitución hasta las buenas maneras. Pero la expresión convencionalismo tiene su sentido peyorativo en alusión a esas normas o usos cristalizados por el paso del tiempo que empiezan a chirriar ante ciertos cambios en las actitudes y las relaciones sociales. La cuestión está en acertar qué convencionalismos deben ser arrumbados para progresar. No siempre se acierta y, algunas veces, al cargarse tal o cual convencionalismo se da, más que un paso adelante, un paso atrás.

8. ¿Por qué censuraron su libro El extraño ponente?

Hay que situarse en la etapa de los primeros años 70, esa que Umbral bautizó como tardofranquismo. Un día el Fiscal del Tribunal Supremo llamó a mi compañero y jefe en el Ministerio de Justicia, donde yo trabajaba, para advertir que si un tal Carlos Luaces sacaba a la venta la novela premiada por el Ateneo de Valladolid llamada El extraño ponente, novela que suponía en opinión de aquel fiscal una colección de infames injurias contra el sistema judicial del país, Carlos Luaces se vería procesado, expulsado de su carrera y quizás en la cárcel. Yo, entonces un chaval recién casado, me asusté, me la tragué y convencí a mis editores, Salas Editorial,  que mandaron guillotinar los cinco mil ejemplares que estaban a punto de lanzar a la calle.  En fin,  pongo a Dios por testigo de que cuando escribí aquella historia sobre un juicio por asesinato que transcurría en la ciudad de Valladolid  y en el que el Gobernador Civil, asistido por un fiscal, trataba de manipular a un magistrado (“el extraño ponente”), no se me pasó por la cabeza que iba a desatar semejante tangana.

9. ¿Cómo empezaste en la escritura?

Desde niño, en mi casa, escribía a escondidas cuentos y tonterías que luego, avergonzado, reciclaba en bolitas de papel y lanzaba a lo alto de un gran armario antiguo para que nadie las viese. A pesar de este gusto mío por la escritura, como en mi casa se aplicaba a rajatabla lo del primum vivere deinde philosophare, hube de estudiar Derecho y luego unas oposiciones. Total, que hoy tengo el honor de haber pasado por los escalafones de registradores de la propiedad y de abogados del Estado, en los que figuro a estas alturas como jubilado, y que lo de la literatura quedó reducido a algunos trabucazos a lo largo de mi existencia funcionarial. Uno fue El extraño ponente, como acabo de explicar; otro fue una novela, El Ministrable, que mandé al Planeta y llegó a las votaciones finales; y un tercero, El Club de los Escépticos, que se vendió muy bien.

10. ¿Por qué escribes?

Al escribir intento crear algo más o menos duradero que mueva la mente y el corazón de otros seres humanos, lo que me hace sentirme muy vivo. Crear, sea un libro, una obra musical, un puente o una medicina pistonuda  o, en otro terreno, erigir una gran empresa de la nada, son tareas que ennoblecen y mejoran al ser humano.

11. Cómo es tu método de trabajo cuando escribes?

Por las mañanas soy un torrente de energía e ideas que vuelco sobre la pantalla del ordenador durante unas horas. Por la tarde, más desinflado y crítico, corrijo y saco lustre a lo hecho por las mañanas. Hace años oí decir a escritores preclaros, por ejemplo, a Umbral, que ellos jamás corregían, cosa que a mí no me entra en la cabeza. Pero, claro, Umbral era Umbral.

12. Por qué elegiste Caligrama para publicar tu libro? Porque Caligrama pertenece a un grupo editorial muy prestigioso y porque en cuanto contactas con él todo huele a profesional y te da sensación de eficacia.

13. Para finalizar termina la frase: Caligrama es… Ilusanza (ilusión + esperanza).

Algo que te gustaría añadir: El que renuncia a leer libros –en España dicen que el cuarenta de la población- esteriliza voluntariamente una buena parte de sus neuronas; es decir, de su espíritu.

CUESTIONARIO BREVE

Un libro para releer: Los Ensayos de Montaigne.

– La mejor hora del día para escribir: Escribir por la mañana y repasar lo escrito por la tarde o la noche.

– Un autor para seguir: Javier Marías.

– Una autora. La Harper Lee de Matar a un ruiseñor.

Más información sobre el autor en:

https://carlosluaces.com/

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